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jueves, 9 de agosto de 2012

Continuismo de la política agraria


Fernando Eguren / CEPES (Agosto 9, 2012) 

El diario Gestión en su edición de hoy, 9 de agosto, informa sobre declaraciones de dirigentes empresariales y del nuevo ministro de Agricultura, con relación a los límites a la propiedad de la tierra agrícola.

viernes, 13 de julio de 2012

Presentación: Concentración de la propiedad en el Perú

Fernando Eguren (CEPES) realizó una exposición sobre el tema de la Concentración de la propiedad en el Perú, en el Curso Nacional: "Alternativas al extractivismo y transiciones hacia el postextractivismo en el Perú", organizado por la Red Peruana por una Globalización con Equidad –­ RedGE y el Centro Latino Americano de Ecología Social – CLAES de Uruguay. 

viernes, 1 de junio de 2012

«La concentración de la tierra es parte de un modelo excluyente»



En el hemiciclo ‘Raúl Porras Barrenechea’ del Congreso se desarrolló una audiencia pública que puso nuevamente en debate un tema sensible para el país: limitar o no la propiedad de la tierra en el Perú.

La audiencia, «Límites a la propiedad de la tierra», fue organizada por el congresista liberteño y presidente de la Comisión Agraria, José León Rivera, el pasado 16 de febrero, donde participó Fernando Eguren, presidente del CEPES.

miércoles, 2 de mayo de 2012

El Minag y los límites a la propiedad

Editorial de LA REVISTA AGRARIA 139, escrita por Fernando Eguren.

En días pasados, el Ministerio de Agricultura (Minag), por medio del director general de la Oficina de Asesoría Jurídica, emitió por fin su opinión sobre los proyectos de ley que plantean limitar el tamaño de la propiedad de la tierra. Como se sabe, uno de los proyectos, el presentado por el congresista Virgilio Acuña, propone establecer un límite máximo de 25 mil hectáreas. El otro proyecto, el del congresista José León, plantea límites diferentes según las regiones (10 mil hectáreas en la costa, 5 mil en la sierra y 20 mil en la selva), establece que en ningún valle un solo propietario podrá acumular más del 30% de la tierra, y excluye de todo límite las tierras de comunidades campesinas y nativas, las del Estado y las de los proyectos especiales (proyectos de irrigación). 

lunes, 9 de abril de 2012

El problema no es Gloria

Editorial para La Revista Agraria, escrita por Fernando Eguren

La compra, por el grupo Gloria, de más de 15 mil hectáreas de tierras de la irrigación de Olmos con lo cual controla 80 mil hectáreas ha suscitado reacciones críticas frente a hechos consumados que, en algunos casos, tienen el tufillo del oportunismo. 

Esta última semana, la carátula de un conocido semanario se refiere a Vito Rodríguez Banda del grupo Gloria como neolatifundista. El expresidente Toledo, por su lado, arremete airado contra el proceso de concentración de tierras. El congresista del PPC, Juan Carlos Eguren, presenta una moción que es aprobada por la Comisión Agraria del Congreso, para que pequeños y medianos inversionistas tengan acceso a las nuevas tierras irrigadas. El malo de la película es el grupo Gloria. 

miércoles, 14 de marzo de 2012

El tamaño de los latifundios: comparaciones reveladoras


Artículo escrito por Fernando Eguren, presidente de CEPES, para La Revista Agraria

El jueves 16 de febrero, la Comisión Agraria del Congreso —presidida por el congresista José León— convocó a una audiencia pública para debatir sobre la concentración de la propiedad de las tierras de cultivo. Participaron especialistas, representantes de los empresarios agrarios, de los gremios de productores, así como funcionarios públicos, ante un auditorio nutrido y atento. Como era de esperarse, se expresaron puntos de vista muy distintos. 

Invitado a exponer, tuve la oportunidad de hacer una presentación que contribuyese a precisar mejor qué se entiende por concentración de la propiedad, acudiendo a información comparativa. Como se sabe, hay dos propuestas de ley en el Congreso. Una de ellas —iniciativa del congresista Virgilio Acuña— propone un tope de 25 mil hectáreas, mientras que la otra propuesta —del congresista José León— plantea, para la costa, un tope de 10 mil hectáreas. En mi opinión, ambas posiciones finalmente terminarían convalidando los nuevos latifundios, pues establecen límites muy altos, lo que espero mostrar más adelante. 

lunes, 6 de febrero de 2012

Límites a la propiedad de la tierra - Debate en Radicales Libres



El programa de televisión “Radicales Libres” de RBC (canal 11 en Lima) realizó un debate sobre el proyecto de ley que establece límites a la extensión de la propiedad de la tierra, donde participó el sociólogo Fernando Eguren, presidente del CEPES

Eguren señaló que se debe establecer límites a la propiedad de la tierra, porque en la actualidad existe en nuestro país un proceso de concentración de la tierra agrícola y esta situación está generando una gran preocupación internacional. Mencionó que el grupo Gloria, tiene 80 mil hectáreas (una cantidad tres veces más grande que el valle de Chancay- Huaral) lo que demuestra que no hay una distribución equitativa de la tierra. “De lo que se trata es como dar más oportunidad para que ingresen a las nuevas tierras de irrigación los medianos y pequeños inversionistas, porque debido a las actuales reglas de juego no pueden acceder”, indicó. 



viernes, 20 de enero de 2012

Gremios empresariales deben sustentar con argumentos



Entrevista a Fernando Eguren, presidente de CEPES

– ¿Cuál es su opinión respecto a las iniciativas legislativas y ahora del Ejecutivo que buscan limitar la propiedad de las tierras?

– Es importante que el Congreso debata sobre la excesiva concentración de tierras en el Perú. El país tiene pocas tierras de cultivo en relación con su población y los últimos gobiernos –desde Fujimori hasta García- han promovido la concentración de grandes extensiones en un reducido número de empresas. La mayoría de la producción de éstas se destinan a la exportación o a la producción de biocombustibles. Deben considerar que este proceso aumenta las diferencias sociales y económicas en el campo y, en perspectiva, puede atentar contra la seguridad alimentaria del país.

martes, 13 de diciembre de 2011

La actualidad de un viejo proyecto de ley de reforma agraria

Artículo escrito por Fernando Eguren y publicado en La Revista Agraria 135, noviembre 2011

A inicios de su gobierno, el presidente conservador Manuel Prado (1956-1962) formó una Comisión para la Reforma Agraria y la Vivienda, encabezada por Pedro Beltrán, economista liberal, político, periodista y hacendado moderno, con tierras en el valle de Cañete, que fue presidente de la Sociedad Nacional Agraria. Al ser nombrado ministro de Estado por el presidente Prado, Beltrán fue reemplazado por Ernesto Alayza Grundy, ilustre abogado, uno de los fundadores del Partido Popular Cristiano. Las tareas de la Comisión concluyeron con la entrega de un proyecto de ley en setiembre de 1960, el cual, visto desde hoy, resulta increíblemente progresista. 

Corregir los defectos estructurales

En el proyecto de ley se lee que la reforma agraria debe «corregir los defectos de estructura que obstaculizan el mejoramiento de las condiciones de vida de la población campesina y el progreso agrícola, retrasando así el desarrollo económico y social. Entre los defectos de estructura —se subraya— se consideran no solo la mala distribución de la propiedad y las formas insatisfactorias de tenencia de la tierra, sino las fallas y desajustes existentes en el conjunto de instituciones que influyen en la vida del hombre de campo considerado en la función de productor agrícola, y como miembro de su comunidad y ciudadano de su país»1

viernes, 28 de octubre de 2011

Limitar la concentración de la propiedad de las tierras

Artículo publicado en LA REVISTA AGRARIA


Con la iniciativa del ministro de Agricultura, Miguel Caillaux, de permitir que medianos inversionistas puedan acceder a las tierras de las pampas de Olmos, el gobierno ha dado una señal de que es necesario definir algún tipo de política de tierras que, por lo menos, regule la formación de nuevos latifundios1. Como se sabe, Caillaux declaró que el Estado compraría 5 mil de las 38 mil hectáreas (ha) para venderlas, con facilidades, en lotes de 50 ha.

Fernando Eguren López / Jaime Escobedo Sánchez 

Un reciente estudio —no publicado aún— muestra que entre 1996 y 2010 se han realizado compras que totalizan 325 mil ha, sumando las tierras adjudicadas por gobiernos regionales, por los proyectos de irrigación, por las empresas azucareras y las adquiridas a través del mercado de tierras. La mayor parte de ellas se encuentran en la costa, por lo que estas adquisiciones, base de la formación de los nuevos latifundios en las últimas dos décadas, deben representar más de un tercio de las tierras de cultivo de la región2.

Las tierras aptas para el cultivo son escasas en el Perú. Apenas sí constituyen algo más del 6% del territorio nacional (7.6 millones de ha), sumando las que son aptas para cultivos en limpio y para cultivos permanentes. Más de dos de cada cinco ha son de protección, y su explotación tendría graves consecuencias ecológicas. El 38% puede ser explotada para producción forestal, pero de manera regulada. Los pastos suman un 14% de las tierras del país (ver gráfico 1).

miércoles, 28 de septiembre de 2011

Olmos y Caillaux: el peligro de la concentración de la tierra agrícola


Caillaux Agricultura

En mayo de este año la International Land Coalition (ILC, Coalición Internacional por el Acceso a la Tierra), que reúne a ONGs, gremios y organizaciones intergubernamentales, incluyendo el Banco mundial, la FAO y el FIDA- adoptó una resolución que rechaza el acaparamiento de tierras. Este acuerdo sin precedentes, dada la importancia de los entes asociados a la ILC, pone en el primer plano de la agenda política internacional el proceso de concentración del control sobre las tierras agrícolas. Y debería también ponerla también en la agenda nacional.

Límites a la propiedad: importante cambio de política

Dos importantes declaraciones del ministro de Agricultura, Miguel Caillaux, recogidas por la prensa nacional, indican que habrá un cambio importante en las políticas de tierras relacionadas con el tamaño de las propiedades. 


Por un lado, ha informado que el Estado comprará 5 mil de las 38 mil hectáreas del proyecto de irrigación de Olmos, para que sean vendidas en lotes de 50 hectáreas, con lo que se beneficiaría la mediana agricultura lambayecana; los demás lotes serían de 250, 500 y mil hectáreas, pudiendo un comprador adquirir varias. Por otro lado, manifestó que podría introducirse un impuesto al tamaño de la propiedad o eliminarse algunos incentivos vigentes —las empresas agrarias pagan la mitad del impuesto a la renta— si la empresa excede un cierto número de hectáreas. También podrían limitarse los tamaños máximos, pero aún no hay criterios para definir cuáles serían los límites.

lunes, 7 de marzo de 2011

"Land grab" a la peruana

latifundios Perú Fernando Eguren

Por Fernando Eguren, Presidente de CEPES

En el Perú no hay Estados extranjeros que compren tierras de cultivo, como sucede en África y partes de Asia. Y si bien hay corporaciones transnacionales, su presencia e importancia en la adquisición de tierras es más bien excepcional, al menos hasta hoy.

Sin embargo, hay ‘land grab’.

Antes de la reforma agraria (1969-1975) la hacienda más grande en la costa peruana -la región con las mejores tierras agrícolas del país, todas con riego- no llegaba a las 30 mil hectáreas. Después de cuatro décadas, los nuevos propietarios de esa hacienda, un grupo familiar peruano, son dueños de más de 60 mil hectáreas sembradas con caña de azúcar.

miércoles, 30 de junio de 2010

Las inversiones en agricultura contribuyen al neolatifundismo


Por Fernando Eguren (presidente de Cepes)

Según el aviso pagado por el Ministerio de Agricultura y difundido por los diarios el 24 de junio, con motivo del día del campesino, la política oficial continuará marginando precisamente a los homenajeados, los campesinos.

El aviso informa hacia dónde se orientan las inversiones agrarias que se hacen con recursos públicos. A programas que de algún modo benefician a la agricultura de pequeña escala se destina el 2.5 por ciento de las inversiones (Agroemprende, 0.7% y Núcleos Ejecutores, 1.8%). En contraste, en el otro extremo, las inversiones orientadas a consolidar el neolatifundio acaparan el 65% de las inversiones. Estas son cuantiosas inversiones en grandes obras de irrigación -Chavimochi III, Olmos II, Majes Siguas II, Chinecas - que permitirán que tierras eriazas, improductivas, sean cultivadas, exclusivamente para la exportación.

Hay tres problemas con estas inversiones en irrigaciones.

El primero es que, en la medida que son aprovechadas sólo por grandes inversionistas (pues así lo determinan las condiciones de venta de estas tierras), contribuye a restablecer una estructura bipolar de propiedad de la tierra, tal y cual existió antes de la reforma agraria de 1969. Esta concentración de tierras y de capitales ahonda las ya grandes desigualdades socioeconómicas existentes en el país. Y no hay mejor estímulo para el conflicto social que la agudización de las desigualdades.

En segundo lugar, los costos de oportunidad son muy altos. Con montos tan elevados comprometidos en irrigaciones –930.5 millones de dólares, según el aviso- y siendo los recursos públicos siempre escasos, cabe preguntarnos si no son prioritarias otras inversiones. Por ejemplo, en pequeñas irrigaciones que beneficiarían a centenares de miles de agricultores familiares, contribuyendo así a combatir la pobreza rural, a mejorar la seguridad alimentaria del país y al desarrollo descentralizado de las regiones.

En tercer lugar, con estas grandes inversiones se ganan nuevas tierras para el cultivo mientras que, por otro lado, se van perdiendo tierras por distintas causas. En algunos casos, por salinización, debido al efecto combinado de malas técnicas de riego, deficientes sistemas de drenaje y cultivos que utilizan mucha agua. Viejos estudios, que no han sido reactualizados, mostraban que más de un tercio de las tierras de la costa estaban salinizadas. En la sierra y selva también se pierden centenares de miles de hectáreas de tierras por erosión y deforestación.

Es preciso que los recursos públicos sean utilizados potenciando las capacidades económicas de la mayor parte de agricultores y campesinos, y no profundizando las diferencias en beneficio de pequeños y poderosos grupos de neolatifundistas.




viernes, 2 de octubre de 2009

El misterio político de la propiedad



Hernando de Soto ha querido resumir las propuestas que esgrime en el video El misterio del capital de los indígenas amazónicos diciendo que «el problema amazónico es económico y no étnico». Aquí sostenemos que el verdadero origen del problema es de orden político.

Hernando de Soto ha logrado colocar en la agenda pública, una vez más, la visión que el economista tiene de las causas del subdesarrollo económico de los pueblos, esta vez llevada al espacio de las comunidades nativas amazónicas. Aquí, algunos comentarios.

1. Según De Soto, los títulos y normas que el Estado otorga a las comunidades «no son más que pedazos de papel». Si así lo fueran, el problema es del Estado y de los gobiernos que emiten las leyes y que no les dan a esos títulos y normas (e instituciones que los registran o protegen) el rango que, según De Soto, deberían tener. El valor de los títulos que el Estado otorga a las comunidades no tiene nada que hacer con ninguna característica intrínseca de la propiedad comunal.

2. Un «buen título de propiedad» (para usar la frase de De Soto) otorgado a una persona natural o jurídica no representa, en absoluto, acceso automático a crédito, capital, seguros y demás beneficios que De Soto asocia con la titulación de la propiedad individual. El otorgar o no un crédito o un seguro es una decisión que las entidades encargadas toman basándose en una serie de condiciones, y el título de propiedad es solo una de ellas. Por eso es que hay decenas de miles de pequeños propie-tarios rurales y urbanos en todo el país que, teniendo títulos de propiedad individuales y bien sanea-dos —justamente, aquellos que De Soto reclama para los comuneros—, no pueden acceder a créditos. Los bancos, simplemente, no les prestan.

3. Uno de los supuestos de De Soto es que la única manera de acceder al crédito es hipotecando la propiedad. Sin embargo, durante décadas, la garantía solicitada por la banca de fomento (entre ellos, el fenecido Banco Agrario) para los préstamos otorgados a los agri-cultores ha sido la cosecha (la prenda agrícola). El desprestigio de la banca de fomento estatal se originó en un contexto de crisis económica (la década de los ochenta) y, particularmente, durante la pésima gestión del primer gobierno aprista (1985-1990). Este desprestigio continuó, ya como parte de la propaganda antiestatal neoliberal posterior.

4. En realidad, más que con las características legales de la propiedad comunal, el problema de fon-do de la debilidad de la propiedad que tanto busca esclarecer De Soto tiene que ver con el hecho de que el Estado reconoce más derechos a las empresas que solicitan concesiones para la extracción de recursos no renovables, que a cualquier propietario —sea este individual o comunal, criollo, mes-tizo o nativo.

El ejemplo más notorio de ello es Tambogrande. Los agricultores de la colonización San Lorenzo (Piura) son propietarios individuales con todas las de la ley, totalmente integrados al mercado, y al mercado internacional por añadidura, pues son exportadores: no son comuneros pobres con un título de propiedad colectivo y tenues lazos con el mercado. Sin embargo, fue solo gracias a la enorme presión de la opinión pública y los agricultores —quienes tuvieron que movilizarse durante meses y organizar campañas de incidencia política y mediática en rechazo a la explotación de minerales que se encontraban debajo del centro poblado de Tambogrande y parte de la zona de cultivo— que la empresa minera Manhattan se retiró de la zona.

El problema de la debilidad de la propiedad es, pues, político, pues el valor de la propiedad depende de las reglas de juego sancionadas por el Estado: es este el que les reconoce a las empresas multina-cionales extractivas más derechos que a los propietarios de tierras, sea que se trate de propiedades comunales o individuales.

5. El propio De Soto reconoce implícitamente esto en el video, al señalar que la propiedad de máxima jerarquía es aquella que se acoge a las garantías otorgadas por tratados internacionales firmados entre el Perú y el país en donde está constituida la empresa — lo que, aunado a otras garantías jurí-dicas, les da, en sus palabras, el carácter de una «súper propiedad»—. Reconoce así que los derechos de propiedad de las empresas extranjeras tienen más validez que las propiedades registradas en el Perú —siendo irrelevante si esta es privada, comunal o de cualquier otra modalidad—. Aquí, el único «misterio» que cabe señalar son las reglas de juego —leyes, contra-tos— que los gobiernos establecen para beneficiar a las empresas extranjeras en detrimento de los nacionales.

Una vez más, es un problema político, no un problema que se derive del carácter «comunal», «nativo» o «tradicional » de la propiedad.

6. Las reglas de juego de acceso a los recursos naturales podrían cambiarse perfectamente para que, sin necesidad de darles propiedad sobre el subsuelo, las comunidades o los propietarios privados tengan derechos preferenciales sobre los recursos que se encuentran bajo la superficie del suelo del que son dueños. Citamos solo dos mecanismos posibles, a guisa de ejemplo: uno, estableciendo exigencias legales que permitan que las negociaciones entre empresas y quienes tienen derechos sobre la superficie sean más equilibradas; y dos, que estos propietarios sean, de oficio, socios accio-nistas de las empresas y participen de sus beneficios (aun cuando pudiera limitarse su capacidad de intervención en algunas decisiones).

7. En síntesis, el problema cuyo «misterio » busca desentrañar Hernando de Soto es político, y no es consecuencia de ninguna característica inherente a la propiedad comunal, que, por su propia esen-cia, les impida a los comuneros acceder a recursos externos que potencien su desarrollo económico.

miércoles, 7 de noviembre de 2007

Tendencias de transferencia y concentración de la propiedad de la tierra


Artículo publicado en la edición 88 de LA REVISTA AGRARIA (Octubre 2007)


La propiedad de la tierra en el Perú se está concentrando nuevamente, después de tres décadas de la reforma agraria. 
La concentración de la propiedad de la tierra es un tema política y socialmente sensible. Recordemos que una de las razones por las que las reformas agrarias de la década de 1960 aparecían como legitimadas ante la sociedad y los gobiernos fue que había una gran concentración de la propiedad de la tierra, y que ello generaba grandes tensiones sociales. [1] Los gobiernos latinoamericanos, instados por el gobierno de los Estados Unidos, acordaron hacer reformas agrarias tanto para evitar situaciones como la revolución cubana de 1959, como para eliminar obstáculos a los procesos de modernización social y económica. 
El gobierno de derechas de Manuel Prado se adelantó, nombrando una Comisión de la Reforma Agraria y de la Vivienda en 1957, integrada en parte por hacendados relativamente modernos. Una de las recomendaciones del informe, presentado en 1960, fue la de establecer límites – 250 hectáreas – a los tamaños de la propiedad rural. Casi una década después, la ley de reforma agraria del gobierno de Velasco de 1969 fijó los límites a 150 hectáreas de tierras agrícolas. Pero desde 1980 se inició un proceso de liberalización de la propiedad de la tierra que culminó en 1995 con la llamada Ley de Tierras [2], que eliminó todo límite a los tamaños de los predios. [3] Un año antes, 1994, se realizó el último censo nacional agropecuario, que reveló que el 92 por ciento de las 1.74 millones de predios eran menores de 20 hectáreas, y que tres de cada cuatro hectáreas de cultivo bajo riego y una de cada tres de secano están en predios menores de 20 ha.
En los últimos doce años han ocurrido cambios muy importantes, cuyos alcances aún no se conocen con precisión pues no se ha actualizado el censo agropecuario ni se han hecho estudios sobre los procesos de concen­tración. 
Son varios – aquí estamos considerando seis – los procesos que están contribuyendo al proceso de transferencia y concen­tra­ción de la tierra. 
La ampliación de la frontera agrícola en la costa . La modificación de la política de ac­ceso a las nuevas tierras irrigadas ha permitido la formación de modernas empresas agrarias de gran extensión, particularmente en la costa norte (Piura, Lambayeque, La Libertad). La frontera agrícola ganada en el pasado gracias a grandes inversiones públi­cas era entregada, bajo varias modalidades de pago, a pequeños y medianos agricul­to­res. Pero al menos desde la década de 1990, las nuevas tierras irrigadas son puestas a la venta en condiciones tales que sólo pueden ser adquiridas por grandes inversionistas para formar latifundios moder­nos. Así, en 1997 se subastaron, en la Primera Etapa del Proyecto Especial Chavimochic (que incluye el valle Virú), 12751 hectáreas en 76 lotes, en cuatro sectores; en tres de ellos el tamaño promedio de cada lote varió entre 671 y 786 hectáreas, y en el cuarto, 65 ha. En algunos casos, como la empresa Camposol, en el valle de Virú, la extensión supera las dos mil hectáreas. Danper Trujillo posee 1600 hectáreas, la mayor parte de ellas también en Virú. En contraste, en la década de 1980, por ejemplo, las tierras gana­das por la irrigación de Majes, en el departamento de Arequipa, fueron distribuidas en lotes de 5 hectáreas. El criterio de subastar lotes de gran tamaño, al que sólo pueden acceder grandes inversionistas, sigue primando en la actualidad. 
La frontera agrícola en la selva no sólo es abierta por colonos provenientes de la sierra, sino también por grandes adquisiciones de tierras a precios muy bajos. El caso más conspicuo es probablemente Palma del Espino, del grupo Romero, en la zona de Toca­che. En 2004 tenía sembradas 7500 hectáreas de palma aceitera, y actualmente bordea las 10 mil ha. En los cuatro años siguientes seguirá expandiéndose a razón de 1,500 hectáreas anuales.
La concentración vía el mercado de tierras. Puede distinguirse diferentes situaciones: la compra de tierras de pequeños agricultores por empresas agroexportadoras (los mismos departamentos mencionados más arriba, más Ica); el arrendamiento de tierras por las mismas empresas; la adquisición de grandes empresas agrarias por otras empresas agra­rias, notablemente el caso de los complejos agroindustriales azucareros (grupo Gloria en el departamento de La Libertad). Como ejemplo: la empresa Agrokasa posee actual­mente más de 2.6 mil hectáreas. El grupo Romero posee alrededor de 500 hectáreas en lo que alguna vez fue la Cooperativa Agraria Huando, en el valle de Huaral. Según el último censo de productores de espárragos, hay 47 empresas que, en promedio, dedican 280 hectáreas a es cultivo. Como no todas son monoproductoras, la extensión total de muchas de ellas supera largamente ese promedio. La mayoría se encuentran en los valles de los departamentos de La Libertad e Ica. ¿Cuánto hay de capital extranjero en este proceso? Las inversiones extranjeras directas en agricultura – no necesariamente todo en compra de tierras – se sextuplicaron entre 1997 ( 7.7 millones de US$) y el año 2000 (44 millones de US$), cifra ésta que se ha mantenido hasta la actualidad. [4]
La conversión de las cooperativas agrarias azucareras en empresas privadas . Lo notable aquí es la transferencia de la propiedad de los complejos agroindustriales azucareros de las cooperativas de producción – cuyos socios eran los propios trabajadores – a inversionistas particulares. Suman más de 50 mil hectáreas, sobre todo en la costa norte. Son los más grandes terratenientes del país. Mención especial es el grupo Rodríguez Banda, dueños de Gloria y desde hace poco de los com­plejos Cartavio y Casagrande, que suman más de 30 mil hectáreas en un solo valle, Chicama, en el departamento de La Libertad. 
Denuncios y concesiones. Los denuncios y concesiones mineras se extienden particular­mente sobre tierras de comunidades campesinas en casi todos los depar­tamentos andi­nos. Sus derechos como propietarias comienzan a ser cuestiona­dos en la práctica por las empre­sas mineras aún antes de la fase de exploración, a través de distintos tipos de pre­sión, económicas y extraeconómicas, para acceder a las tierras. En la fase de explo­tación los comuneros no sólo pierden sus derechos, sino que las tierras pierden su vocación agraria. Según el Instituto Nacional de Concesiones y Catastro Minero, a la fecha los derechos mineros se extienden sobre más de 14 millones de hectáreas.
 
Los denuncios y concesiones de otras industrias extractivas (petroleras, gasíferas,) en la cuenca amazónica, por su lado, se extienden actualmente sobre miles de hectáreas. En cuanto a las concesiones forestales entregadas, suman 7.5 millones de hectáreas, aproximadamente el 10 por ciento de la superficie total de la selva baja y alta. [5]
 
La producción de biocombustibles. Los estímulos a la pro­duc­ción de biocombustibles (menores precios que los combustibles fósiles, expectativas de exenciones tributarias, subsidios, etc.) están incentivando la formación de grandes planta­ciones princi­palmente de caña de azúcar y palma aceitera. Los complejos azucareros, entre ellos el grupo Gloria y , del que hemos hecho ya mención, dedicarán parte de la producción de caña a la fabricación de etanol. La empresa norteamericana Maple, por su lado, ha adquirido más de 10 mil hectáreas en el valle de Chira para la producción de caña de azúcar para etano, generando desde ya presión sobre la disponibilidad del agua. En el mismo departamento, el grupo Romero dedicará al mismo fin por lo menos 3.5 miles de hectáreas. En la selva, el grupo Romero prevé la expansión del área dedicada a la palma para la producción de biodiesel. El hechizo de los biocombustibles también parece querer apoderarse del programa Sierra Expor­tadora. Su presidente anuncia que se dedicarán 200 mil hectáreas a la canola, para biodiesel. Pero en este caso parece ser más bien un deseo irrealizable. 
Turismo. Aunque en escalas menores, también en algunas zonas de gran atractivo turís­tico las tierras agrícolas adquieren un alto valor para ser destinadas a otros usos, pero con fre­cuencia implicando la pérdida de control por los campesinos y agricul­tores. Es el caso del Valle Sagrado (Urubamba), en el departamento del Cuzco, que paulatinamente se está convirtiendo en un emporio turístico con inversiones en ho­teles, albergues, res­taurantes, casas de campo, etc. [6]
Tendencias
Nada indica que estas tendencias revertirán. Antes bien, algunas de ellas están siendo francamente impulsadas por el gobierno [7], otras seguirán el impulso que ha adquirido la agricultura de exportación. Estas desigualdades crecientes en la distribución de la tierra, (que no debe confundirse con un regreso a la situación previa a la reforma agraria, pues el contexto histórico es completamente diferente) deben llamar a preocupación, pues tienden a profundizar las ya notables desigualdades sociales y económicas existentes en el país. 





 
[1] El censo agropecuario realizado en 1961 indicaba que el 54% de las tierras estaba en manos del 1,2% de las explotaciones agropecuarias, y que tan sólo el 4,3% era controlada por el 84% de las explotaciones.
[2] Ley 26505, "Ley de inversión privada en el desarrollo de las actividades económicas en las tierras del territorio nacional y de las comunidades campesinas y nativas", promulgada el 14 de julio.
[3] Sobre la evolución de la legislación que estimuló estos cambios, ver Fernando Eguren, "Las políticas agra­rias en la última década: una evaluación". En F. Eguren, M. Remy y P. Oliart, (editores), Perú: el problema agrario en debate. SEPIA X. Sepia/Oxfam, Lima, 2004. También en la Web en www.sepia.org.pe.
[5] Antonio Brack Egg, "Opinión sobre el proyecto de ley Otorgamiento de tierras de dominio del estado en la amazonia peruana para fines agropecuarios y agroindustriales ". Lima, 15 de enero del 2007
[6] Aunque no necesariamente se refieran a tierras agrícolas, es expresión de la notable transferencia de los derechos sobre la tierra en proceso en el país la rápida privatización de muchas playas de la costa –algunas de ellas de comunidades campesinas-, tanto en el sur chico como en los departamentos norteños de Piura y Tumbes.
[7] Como ejemplos están las propuestas del Ejecutivo de recortar casi 210 mil hectáreas del Parque Nacional Bahuaja Sonene para extracción petrolera, de declarar de interés público 20 grandes proyectos de extracción; también, el mantenimiento de los criterios de asignación de nuevas tierras irrigadas a inversionistas grandes y la promoción de la producción de agrocombustibles.




 

martes, 5 de junio de 2007

ES URGENTE UN NUEVO CENSO AGROPECUARIO

Por Fernando Eguren (presidente de CEPES)

El Ministerio de Agricultura ha puesto a consideración del público una propuesta preliminar de Política de Estado para el Desarrollo de la Agricultura y la Vida Rural 2007 – 2021, que se puede encontrar en su página web. Es una oportunidad para que la ciudadanía exprese sus puntos de vista sobre lo que pretende ser la base de una importante política de Estado.

Una política de Estado debe proponer ob­je­tivos de largo plazo y los pasos para alcan­zarlos. Para ello debe haber un conoci­miento de la materia sobre la cual se define dicha política. En este caso, el agro y los espacios rurales. El conocimiento, a su vez, requiere de información veraz y razonable­mente completa y actualizada. En el caso del agro, la más completa información data de 1994, año en el que se realizó el último censo agropecuario. En la última década el ‘clima’ neoliberal y la dación de la ley de tierras en 1995 deben haber contribuido a cambios importantes en el mundo rural, cu­ya magnitud no conocemos con precisión. Es urgente hacer un nuevo censo agrope­cuario.

¿La estructura de propiedad de la tierra en el Perú está nuevamente polarizán­dose?
Así, no sabemos cuántas unidades agrope­cuarias existen actualmente en el país: si son más o menos las casi 1.750 miles existentes en el año censal. ¿Cuales han sido los cambios regionales?

Tampoco sabemos cuál es la estructura de propiedad de la tierra hoy día. Desde 1994 han surgido varias decenas, si no cen­tenares, de explotaciones agropecuarias que, en la costa, superan las 150 hectáreas (que era el límite máximo permitido por la ley de reforma agraria de 1969 para pre­dios de propiedad individual; las coope­ra­tivas no tenían límite de tamaño). Hoy exis­ten en esta región verdaderos latifundios, propiedades privadas de más de mil hectá­reas de extensión (es el caso de las ex-cooperativas azucareras, y también de algunas empresas agrarias con cultivos para exportación).

Mucho se habla de que el minifundio es un gran problema. Pero no sabemos cuál es la situación actual en comparación a hace trece años, si hay una tendencia creciente hacia la atomización de la tenencia, y en qué zonas estaría ocurriendo esto.

Diversificación económica de los espacios rurales
Es necesario conocer cómo se han diver­si­ficado los ingresos de los agriculto­res, so­bre todo de los pequeños. Ya en 1994 se constataba la significativa dependencia de los pequeños agricultores y minifundistas de los ingresos extra prediales, tanto agra­rios como no agrarios. Si estos ingresos extra prediales son hoy más importantes que antes (lo cual es muy posible), enton­ces las estrategias para mejorar la situa­ción económica de los pequeños produc­tores no pasarían solamente –y en muchas ocasiones ni siquiera principalmente- por mejorar sus condiciones de producción agrarias, sino por estimular la diversifica­ción de la economía rural (y del mercado laboral) y densificar las relaciones entre los espacios rurales y los urbanos. El papel económico promotor de los gobiernos regionales y de los municipios es en este sentido de gran importancia.

Condiciones para la competitividad

Un nuevo censo también daría valiosa información sobre las bases necesarias para desarrollar una agricultura compe­titiva. Según el censo de 1994, cerca del 60 porciento de los conductores de parcelas o no habían recibido ninguna educación formal o no habían culminado la educación primaria (que, por lo demás, en las áreas rurales es de muy baja calidad). Por otro lado, los niveles tecnológicos eran deplorables: en 1994 el 31 porciento de los productores sólo utili­zaban energía humana, con producti­vida­des sumamente bajas. ¿La situación ha mejorado o ha empeorado? Respuestas a estas preguntas serían muy valiosas para sustentar políticas tanto educativas como tecnológicas. Si la situación permanece co­mo en el pasado y no se definen políticas para superarla, las perspectivas de una agricultura competitiva quedarán restrin­gidas a algunas pocas áreas, regiones y productores del país, ahondándose las ya notables diferencias sociales y económicas.