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sábado, 27 de junio de 2015

Breve historia de la agroexportación en el Perú


Escribe: Fernando Eguren, director de La Revista Agraria

Antecedentes de la agroexportación en el Perú 

 La economía del país ha estado vinculada a las agroexportaciones durante una parte importante de su historia. Hasta el siglo XVIII, las exportaciones principales eran de metales, aunque ya se enviaba cacao a la metrópoli(1).

lunes, 21 de julio de 2014

Apoyo a la agricultura familiar ¿pura retórica?


El ministro del MINAGRI, Juan Manuel Benites afirmó hace pocos días en el Cusco, ante una comunidad campesina, que “la agricultura familiar contribuye a la seguridad alimentaria del país” (Agencia Andina, 23/06/2014, http://www.andina.com.pe/) . Para mostrar el apoyo del gobierno a la agricultura familiar, informó que se agregarán 200 millones de soles a los fondos del programa Mi Riego. Curioso ofrecimiento, si se toma en cuenta que dicho programa sólo ha podido gastar una fracción de los mil millones que le fueron otorgados el año pasado. Si no tiene capacidad de gasto ¿para qué se ofrecen 200 millones más? 

lunes, 28 de enero de 2013

“Si los pequeños tuvieran la plata que tienen los grandes sería otra cosa” - Humala y el minifundismo

A propósito de las afirmaciones del presidente Humala: “Nos hacen creer que el minifundio no es rentable. Por lo tanto [nos dicen que] tenemos que apuntar al latifundio. Yo no creo eso. (…) Quiero apoyar a los pequeños agricultores [...] porque los grandes dicen que no son eficientes. Claro, si los pequeños tuvieran la plata que tienen los grandes sería otra cosa”.
Artículo de Fernando Eguren, presidente de CEPES. (24 de enero 2013)

Hace ya varios años, cuando aún trabajaba en el IEP (década de los setenta y comienzos de los ochenta), nuestro querido José María Caballero escribió un articulito retando a quienes consideran que los campesinos son, per se, ineficientes.

miércoles, 15 de agosto de 2012

Los precios de los alimentos y las responsabilidades del gobierno

La información es alarmante: los campos maiceros de los Estados Unidos, principal productor y exportador de este cereal en el mundo, están sufriendo la peor sequía en más de medio siglo (y la FAO le pide que utilice más maíz para alimentación humana y menos para la producción de etanol), el agro europeo está sometido a altas temperaturas y se retrasan las lluvias en la India, afectando la producción. En el Perú, la prensa local informa que en los mercados de Lima ya subieron los precios del arroz, la soya, la leche evaporada. (1)

jueves, 9 de agosto de 2012

Continuismo de la política agraria


Fernando Eguren / CEPES (Agosto 9, 2012) 

El diario Gestión en su edición de hoy, 9 de agosto, informa sobre declaraciones de dirigentes empresariales y del nuevo ministro de Agricultura, con relación a los límites a la propiedad de la tierra agrícola.

lunes, 11 de junio de 2012

Los lineamientos del Minag para el 2012-2016: el futuro del agro en juego



El Ministerio de Agricultura (Minag), recientemente, difundió su Plan Estratégico Sectorial Multianual (PESM) 2012-2016, que orientará al sector hasta el final del gobierno de Ollanta Humala. En una larga introducción, el PESM hace el diagnóstico del sector agrario, y una vez más constatamos la increíble inadecuación de mucha de la información sobre la cual se basa: el tercer censo agropecuario, realizado hace nada menos que dieciocho años.

sábado, 19 de marzo de 2011

¿Más integrados, más vulnerables?

Fernando Eguren Agricultura Perú

Por Fernando Eguren (Presidente de CEPES)

Con un volumen de comercio exterior (exportaciones más importaciones) que alcanzó los US$ 65 mil millones de dólares en el 2010; equivalente a cerca del 50% del PBI; esta claro que hoy en día el Perú se encuentra estrechamente vinculado a la marcha de la economía global, a sus alzas y bajas. Así, el proceso de apertura económica nos ha traído beneficios, sin duda; pero también, y contra lo que muchos proclaman; indudables riesgos; riesgos que hasta ahora no han sido adecuadamente evaluados e incorporados dentro de un a plan de desarrollo nacional.

lunes, 31 de enero de 2011

Salarios bajos y rentabilidad agraria

agricultura trabajo
Artículo publicado en el diario La República (31 enero 2011)



Por Fernando Eguren, presidente CEPES

Hace unas semanas, CONVEAGRO difundió un comunicado en el que llamaba la atención al hecho de que “Los jornales en el campo para la producción destinada al mercado nacional se han elevado en 70%, en los últimos cuatro años, afectando seriamente los costos de producción, lo que no sucedió con los jornales que se pagan en las empresas agroexportadoras, que se mantienen congelados”. (9/1/2011)

jueves, 2 de diciembre de 2010

El cultivo del espárrago ¿es sostenible?

 Artículo publicado en el diario La República (02 diciembre 2010)
Por Fernando Eguren (Presidente de CEPES)

El espárrago es el producto agrario de exportación ‘no tradicional’ peruano de bandera. Este año el valor de las exportaciones posiblemente alcancen los 500 millones de dólares, sumando frescos y en conserva. El área cultivada es de alrededor de 28 mil hectáreas.

Pero la frontera agrícola para este cultivo tiene límites en el principal valle productor, Ica, con 10 mil hectáreas de espárragos. Una reciente investigación muestra una vez más lo que muchos ya sabían: que la expansión de nuevas áreas para este cultivo se ha vuelto insostenible dados el contexto hidrológico y las demandas de agua concomitantes. Según el informe, “las crecientes demandas de agua para soportar esta expansión agrícola se vinculan con impactos económicos negativos sobre los pequeños y medianos campesinos”… lo cual “alimenta los conflictos sociales y una mayor vulnerabilidad al cambio climático a lo largo del valle de Ica e inclusive fuera de él.”  (1)

El estudio surge de la inquietud de organizaciones británicas sobre el impacto ambiental del comercio internacional, y específicamente del Reino Unido, el tercer mercado más grande para el espárrago peruano, después de Estados Unidos y Holanda. “El agua que se consume para el cultivo de espárragos importados al Reino Unido en 2008 se calcula en 9 millones de metros cúbicos, lo que equivale a unas 3600 piscinas olímpicas. La mayor parte de esta agua se usa en el valle de Ica, Perú, uno de los lugares más secos del planeta”. Desde aproximadamente hace ocho años, la intensidad de uso de la aguas subterráneas ha hecho que la napa freática del valle disminuya drásticamente a tasas que son  “casi con seguridad… las más rápidas de agotamiento del recurso acuífero de todo el mundo”.

Según el estudio, los pequeños y medianos campesinos son los que sufren la peor parte de esta carrera por el agua, viéndose forzados a vivir sin ella ya que los pozos se secan y crece la salinidad. Ello los conduce a endeudarse y a vender sus tierras. Inadecuados marcos institucionales y legales y el incumplimiento de las normas han permitido que unas cuantas empresas grandes se aseguren el acceso y usen el agua a tasas que no son sostenibles. El informe señala cómo los estándares y condiciones diseñadas específicamente para asegurar que el desarrollo económico sea sostenible –tales como los exigidos por la Corporación Financiera Internacional, del Banco Mundial, los de  GLOBAL G.A.P. sobre buenas prácticas agrícolas y los estándares sociales y ambientales de los minoristas y los supermercados–, que han sido conferidos a las agroexportadoras de Ica,  recompensan una producción que está lejos de ser sostenible en su uso del agua.

Las observaciones del estudio debe llamar la atención del Estado y de todos los actores involucrados para afrontar una situación que puede llevar al colapso la actividad agrícola del rico valle de Ica.
....................
Drop by drop: Understanding the impacts of the UK’s water footprint through a case study of Peruvian asparagus (Gota a gota. Para comprender los impactos de la huella hídrica del Reino Unido a través de un estudio de caso del espárrago peruano). Progressio en asociación con el Centro Peruano de Estudios Sociales y Water Witness. Septiembre 2010.


 Artículo publicado en el diario La República (02 diciembre 2010)

martes, 10 de agosto de 2010

Los trabajadores rurales: un mundo complejo

Artículo publicado en el Diario La República (10 agosto 2010)
Por Fernando Eguren (Presidente de CEPES)
 El mundo de los trabajadores rurales es más complejo que la imagen que de él tienen los políticos y, en general, los citadinos.
Los trabajadores rurales son el 37% del total nacional. Es generalizada la idea de que se dedican sólo a la agricultura. La realidad es mucho más matizada, como lo muestran las Encuestas Nacionales de Hogares que el INEI realiza. Así, según la ENAHO del año 2008, una cuarta parte de los trabajadores rurales no se dedica a actividades primarias, sino a la manufactura, al comercio y a diversos servicios.
La inmensa mayoría de los trabajadores rurales que se dedican a la agricultura son independientes: son agricultores familiares y campesinos, y su número es mucho mayor en la sierra que en las otras dos regiones.
En cambio, los asalariados agrícolas son una minoría: sólo uno de cada siete trabajadores en el campo es asalariado, siendo esta relación una de las más bajas de América Latina. Puede sorprender que casi la mitad de estos asalariados –el 45%– estén en la sierra, en donde hay un menor desarrollo relativo de la agricultura capitalista comparado con la costa, en donde labora el 32% de los asalariados. Ello indicaría que una parte importante de pequeños agricultores de la sierra emplea a trabajadores asalariados, aun cuando sea sólo eventualmente.
También puede sorprender que un apreciable porcentaje de trabajadores de la agricultura sean residentes urbanos: lo son una tercera parte de los asalariados agrícolas.
La participación de la mujer trabajadora es importante, pero en el mundo de la pequeña agricultura un elevado número no recibe remuneración. Sólo un porcentaje reducido de mujeres son trabajadoras asalariadas, aun cuando su número ha ido creciendo en los últimos años, sobre todo con el desarrollo de la agroindustria moderna.
La incidencia de la pobreza entre los trabajadores rurales es muy alta, 55%, pero lo es más en aquellos que se dedican específicamente a la agricultura: 58% entre los hombres y 63% entre las mujeres.
La escasa disponibilidad de tierras, los bajos rendimientos y el escaso acceso de servicios necesarios para la producción contribuyen a mantener en la pobreza a la pequeña agricultura independiente. En el caso de los asalariados rurales, más de las tres cuartas partes ni siquiera reciben la remuneración mínima vital, lo cual expresa un altísimo porcentaje de incumplimiento de la legislación laboral, aun en la costa. Contribuye a la precaria situación de los asalariados agrícolas la inestabilidad en el trabajo, situación que se mantiene aun en las empresas debidamente constituidas gracias a la flexibilidad de ciertos tipos de contrato.
Según las planillas electrónicas del Ministerio de Trabajo, dos terceras partes de los trabajadores agrícolas en empresas formales tienen contratos ‘a modalidad’, los cuales no garantizan su seguridad en el empleo.
El conocimiento de las características de los trabajadores rurales es indispensable para que las políticas laborales, las de desarrollo rural y aquellas que pretenden reducir la pobreza rural, sean eficaces.

Artículo publicado en el Diario La República (10 agosto 2010)

jueves, 29 de abril de 2010

40 mil hectáreas ¿es poco o mucho?

Artículo publicado en el diario La República (29 abril 2010)

Por Fernando Eguren (Presidente de CEPES)

La Comisión Agraria del Congreso aprobó por mayoría el dictamen de proyecto de ley que limita la propiedad de la tierra cultivable a un máximo de 40 mil hectáreas. Según un miembro aprista de dicha comisión, este límite “impedirá el resurgimiento del latifundio”.

Para su información, en cualquier parte del mundo –y ciertamente en el Perú– 40 mil hectáreas de tierras de cultivo –y para el caso, 10, 20 o 30 mil hectáreas– es un latifundio. En el fondo, pues, la Comisión Agraria propone que se consolide el latifundio y, de paso, responde seguramente a presiones de grupos económicos que quieren cortarle las alas al Grupo Gloria, que hoy por hoy controla alrededor de 55 mil hectáreas de tierras de cultivo.

En discrepancia con el dictamen, el ministro de la Producción afirma que la mínima escala para ciertos cultivos es 6 mil hectáreas o aún extensiones mayores. Por su lado, el presidente de ADEX declaró que poner límites afectará a los inversionistas en el agro.

Para quienes tienen conocimiento de la historia social y económica de la segunda mitad del siglo pasado del Perú y América Latina, el límite de 40 mil hectáreas es un despropósito.

Conviene recordar que antes de la reforma agraria de 1969 la propiedad más grande de tierras de cultivo –el complejo azucarero Casagrande– no llegaba a las 30 mil hectáreas, y era el exponente máximo del latifundio en el país. La liquidación del latifundio fue uno de los objetivos de las reformas agrarias latinoamericanas en la década de 1960, pues la concentración de la propiedad de la tierra era una de las causas de la pobreza y la marginación de la población rural, situación que motivó grandes convulsiones sociales.
Pero ¿es cierto lo que afirma el ministro de la Producción sobre las escalas ideales para la actividad agropecuaria? Sería muy interesante que muestre cuáles son los estudios sobre los que basa su afirmación y, si los hay, cuáles son los criterios utilizados. Esto es muy importante, pues lo que está ocurriendo es la consolidación de un neolatifundismo que ahonda las diferencias socioeconómicas, ya graves, en el país.

La existencia de economías de escala vinculadas al tamaño de las explotaciones agrícolas ha sido un tema de estudio y debate en el mundo, y está ampliamente cuestionada. Me permito citar in extenso al principal especialista del Banco Mundial sobre el tema, Hans P. Bingswanger-Mkhize: “…casi un siglo de investigación por economistas agrícolas en todo el mundo ha producido un hecho estilizadamente contradictorio: los agricultores a pequeña escala por lo general usan la tierra, la mano de obra y el capital más eficientemente que los agricultores a gran escala, que dependen principalmente de mano de obra contratada. Esta ‘relación inversa entre tamaño de granja y productividad’ implica que la agricultura se caracteriza, por lo general, por deseconomías de escala, lo que significa que la redistribución de la tierra de los grandes agricultores hacia los agricultores familiares puede traer ganancias de eficacia a la economía”. (1)

A fines de la década de 1950, una comisión nombrada por el gobierno conservador de Manuel Prado y conformada en su mayoría por hacendados modernos de la época recomendaba que el límite máximo de las propiedades debería ser de 250 hectáreas, argumentando que debían considerarse no solo criterios económicos, sino también políticos y sociales.

(1)  Binswanger et al. Agricultural Land Redistribution. The World Bank, 2009. Pág. 11.


viernes, 8 de enero de 2010

Sobre la orientación de los recursos públicos en el agro

Según declaraciones de Adolfo de Córdova, ministro de Agricultura, (1) se continuará con las obras de Chavimochic. La cuarta etapa -de Palo Redondo- demandará una inversión de 300 millones de dólares. (A la tasa de cambio 1US$ = 2.85 NS, equivale a 855 millones de soles.)

Ello ampliará la frontera agrícola de La Libertad en 40 mil hectáreas. Según el mi-nistro, servirán para promover cultivos de agroexportación, como uva, paltos, espárragos “de enorme demanda en el mercado internacional”.

En etapas anteriores dicho macroproyecto de irrigación incorporó, en el valle del Virú, una cantidad similar –o algo superior- de hectáreas para cultivos de exportación. La mayor parte de esas tierras están hoy en manos de una decena de grandes empresas. Siguiendo ‘el orden natural de las cosas’ vigente desde comienzos de la década de 1990, la propiedad de las nuevas áreas (que significarán una inversión con recursos públicos de 7500 dólares por hectárea promedio, según se deduce de las cifras dadas por el ministro) también estará concentrada en un puñado de propiedades de grandes inversionistas.

El ministro declaró también que el Congreso ejecuta en La Libertad 15 proyectos mediante los Núcleos Ejecutores (orientado a “las zonas de extrema pobreza rural”) por un valor total de 3’783,427 nuevos soles y que el Congreso ha aprobado una partida de 70 millones de soles en total para la implementación de 322 proyectos a través de los NE en todo el país.

Los contrastes saltan a la vista: 855 millones de soles de recursos públicos para un puñado de inversionistas, 70 millones para decenas de miles de pobladores en “zonas de extrema pobreza rural”.

Se objetará que mientras que el dinero invertido en las obras de irrigación será recuperado, pues las tierras serán vendidas y luego, cuando estén en producción, el Estado recabará impuestos, el dinero gastado en los pobres nunca será recuperado.

Este argumento no se sostiene. En primer lugar, porque los recursos públicos tienen como propósito primordial lograr el bienestar de la población (el bien común), y no promover la generación de ganancias de los grandes inversionistas (para lo cual estos tienen medios de los que la mayoría de la población carecen, incluso procedimientos y servicios y bienes públicos que presta el propio Estado). En segundo lugar, porque la experiencia indica que el Estado no logrará recuperar lo que invierte en las irrigaciones, y siempre hay un subsidio, abierto u oculto.

En tercer lugar, porque apoyar “zonas de extrema pobreza rural” no es un gasto sino, si está bien concebido y ejecutado, una inversión que es tanto social como econó-mica, cultural y ambientalmente rentable.

En cuarto lugar, porque hay una cuestión de números: los pobladores de las zonas de extrema pobreza rural son mucho más numerosos que los inversionistas que se bene-ficiarán de las inversiones públicas en irri-gaciones (aun cuando se incluyan como ‘beneficiarios’ a los obreros que serán em-pleados por las grandes agroexportadoras).

Pero aún los convencidos de que ganar nuevas tierras para la agricultura es el mejor medio para lograr el desarrollo rural, deben considerar que hay otros escenarios posibles; por ejemplo, que en lugar de que las 40 mil hectáreas estén repartidas en diez o veinte grandes empresas, estén distribuidas en 400 empresas de 100 hectáreas promedio cada una, u 800 de 50 hectáreas, o 1600 empresas de 25 hectáreas Lo más probable es que el tipo de sociedad y economía que se construiría en la nueva zona irrigada sobre la base de medianas y pequeñas empresas sería mucho más equitativa, con mayor y más denso tejido social. Sería, mucho más estimuladora de actividades económicas diversificadas –pequeña manu-factura, servicios, comercio–, más consu-midora de productos nacionales, más incluyente y más encuadrada con las necesidades de alcanzar la seguridad/soberanía alimentaria, ¡Qué duda cabe!, sería también más adecuada a un Estado descentralizado con gobiernos locales democráticos que el mo-delo neolatifundista que promueve el gobierno aprista (como lo hicieron antes Fujimori y Toledo).

En pocas palabras, una propuesta que pro-mueva empresas medianas y pequeñas ge-neraría desarrollo rural incluyente, no enclaves excluyentes. (3)

1. Publicadas en El Peruano el 6 de enero del 2010
2. Ver La Revista Agraria 107, mayo 2009, en http://www.cepes.org.pe
3. Uno de los principales especialistas del Banco Mundial en materia de tierras y desarrollo rural, Hans p. Binswanger, sostiene argumentos simi-lares basados en estudios. Ver Hans P. Bins-wanger-Mkhize, Camille Bourguignon y Rogier van den Brink (editors), Agricultural Land Re-distribution. The World Bank. Washington , D.C. 2009.

miércoles, 23 de julio de 2008

Perú ¿país agrario?


Fernando Eguren (CEPES) y Fernando Cillóniz - INFORM@CCION debaten sobre la actual situación del sector agropecuario de Perú.

martes, 19 de febrero de 2008

¿Por qué un paro agrario?


Un número importante de agricultores acataron el paro agrario apoyado por Conveagro y la Junta Nacional de Usuarios. ¿Por qué un paro?

Las exportaciones agrarias baten record año tras año. En el 2000 sumaban 779 millones de dóla­res, en el 2006 llegaron a 2066 millones de dó­lares. En la costa, son alrededor de cien mil hec­táreas las dedicadas a la exportación de los lla­mados cultivos ‘no tradicionales’. La produc­ción aquí está organizada en grandes y medianas empresas. El principal cultivo de exportación ‘tradicional’ es el café, que cubre alrededor de 300 mil hectáreas, la mayor parte en la selva alta. En este caso la producción es de pequeños agricultores.

Por otro lado, los precios de muchos productos agrícolas han subido, en principio beneficiando a decenas de miles de agricultores maiceros, algodoneros y arroceros. ¿Por qué parar, entonces?

En primer lugar, la agricultura de exportación costeña, con toda su importancia, no supera el 13% del área cultivada de esa región, y un porcentaje mucho menor de productores. Según el censo agropecuario de 1994, en la costa hay más de doscientos mil pequeños agricultores y minifundistas; menos de 1500 estaban involu­crados en la producción del cultivo estrella de exportación, el espárrago, con el 18.8% del área.[1] Las empresas agroexportadoras mayores de 50 has no llegan al millar. En esta aventura expor­tadora, la pequeña agricultura está prácticamen­te excluida. No es de extrañar que un alto por­centaje de pequeños agricultores sientan males­tar por este hecho. Es sabido que los problemas sociales se manifiestan sobre todo cuando existen grandes desigualdades.

En segundo lugar, no necesariamente los buenos precios de los productos agrícolas benefician a los pequeños agricultores por al menos dos razones. Los costos de producción han aumentado por la elevación de los precios de los insumos. Por otro lado, existen oligopsonios en varios productos que imponen precios.

En tercer lugar, en muchos valles de la costa existe un elevado porcentaje de jóvenes desem­pleados, o muchos de ellos – decenas de miles – son trabajadores eventuales de las modernas empresas agroexportadoras, con bajos salarios y malas condiciones laborales.

En la sierra los motivos de queja justificada son aún mayores. La región como tal, que alberga a la mayor parte de campesinos del país, tiene importantes déficits de bienes públicos: mal comunicada, con deficientes servicios de educa­ción y salud, culturalmente subvaluada, sin acceso a servicios necesarios para la pro­duc­ción. Irritada, además, por sucesivos incumpli­mientos de promesas del gobierno, siendo el último caso la frustración, en Ayacucho, del proceso de concertación iniciado hace siete meses a partir de la Marcha de los Waris en Julio del 2007.

Lamentablemente la respuesta estándar del go­bierno – en general, de los gobiernos - a los paros agrarios es triple. Por un lado, afirman que no hay razón para parar pues los temas que motivan el conflicto ya están siendo negociados con las organizaciones agrarias y que están en curso de solución; por otro, que los problemas del agro tienen muchos años incubándose, y que no pueden ser resueltos por el gobierno de la noche a la mañana. Finalmente, acusan a las organizaciones de actuar por motivaciones polí­ticas, y denuncian a los ciudadanos que pro­testan como ‘agitadores’, ‘desadaptados’ y ‘de­lincuentes’, y son amenazados con el encar­celamiento por impedir la libre circulación de vehículos y personas.

Las dirigencias agrarias nacionales han cumpli­do un papel confuso que muchos considerarán de oportunista, sobre todo visto desde las provincias. No se sabe bien qué negociaron y qué no nego­ciaron con el ministro de Agricultura. Es obvio que los mecanis­mos de comunicación de arriba abajo, pero también de abajo arriba, no están funcionando adecuada­mente. Es dudoso concluir que estas dirigencias se hayan fortalecido con la moviliza­ción de las bases.

Parece evidente que el gobierno no está dis­puesto a flexibilizar los lineamientos expuestos en el manifiesto presidencial “El síntoma del perro del hortelano”, publicado en octubre del año pasado, en los que la pequeña producción no tiene cabida frente a la gran inversión y la gran empresa orientada a la exportación.

En el fondo, el paro agrario es una protesta contra esa política. Es también un alerta a la capacidad de las organizaciones agrarias para defender eficazmente las reivindicaciones de sus bases.


[1] Censo Esparraguero 1998

martes, 17 de abril de 2007

El minifundio según el presidente García

El presidente García ha declarado en Chiclayo que el minifundismo “es totalmente impro­ductivo y una tragedia para el país”, que la rentabilidad de la agricultura se consolida cuando el productor tiene un mínimo de 20 hectáreas…”.[1]

Resulta que en el Perú, según el censo agropecuario de 1994, el 92.2% de las explotaciones agropecuarias tienen menos de 20 hectáreas. Si por minifundistas se está refiriendo a la inmensa mayoría de unidades productivas agrarias del Perú, al contrario de lo que dice el presiden­te, sería una tragedia para el país que no existieran, pues proveen el 71.5% del valor bruto de la producción agrícola nacional. Son la base de la seguridad alimentaria del Perú, ya que siete de cada 10 toneladas son producidas por estas pequeñas explotaciones.[2]

El presidente confunde pequeña agricultura comercial con minifundio. La pequeña agricul­tura –llamémosla así, de manera arbitraria, a la que posee entre 5 y 20 hectáreas de tierras bajo riego– puede tener viabilidad económica si hubiese un contexto favorable. Contexto favorable es acceso al crédito, asistencia técnica, carreteras, acceso a bienes públicos (información, comunicación, educación, salud, etc.). En todo esto el Estado, gobernado hoy por el presidente García, tiene una gran responsabilidad que no está asumiendo. Por contraste, la gran agricultura no necesita del apoyo estatal, aunque éste se lo da de distintas maneras (vendiendo tierras irrigadas gracias a la inversión pública a precios inferiores a los costos, montando oficinas promotoras de exportaciones). No todo es culpa del actual gobierno: el gobierno del ex presidente Fujimori desmontó lo poco que había de apoyo estatal a la pequeña agricultura, y los siguientes gobiernos no hicieron nada por ella).

Pero aún sin un contexto favorable la pequeña agricultura ha mostrado su capacidad de pro­gresar. El caso de los cafetaleros – casi todos ellos minifundistas según los criterios del pre­sidente – organizados en cooperativas, asociadas a la Junta del Café, han sabido remontar una grave crisis de precios bajos orientando su producción a café gourmet y orgánico.

El presidente García acertadamente recomendó que se impulse la formación de asociacio­nes de pequeños agricultores para superar algunas de las desventajas de la pequeña escala de producción. Pero aquí también el gobierno tiene un papel que cumplir facilitando, por ejemplo, el acceso a ciertos servicios a los pequeños agricultores que están asociados.

¿Pero qué pasa con los minifundios ‘de verdad’, aquéllos que no llegan ni a una hectárea, que también son centenares de miles, que albergan a los muy pobres? Imagínese el presi­dente García lo que ocurriría si no tuviesen esa hectárea, que mal que bien les permite pro­ducir parte de los alimentos que necesitan para sobrevivir y un espacio para la vivienda. Estas familias minifundistas tienen que dedicarse también a otras actividades económicas para complementar sus ingresos, y por eso parte de sus miembros migran temporal o defi­nitivamente. Este numerosísimo sector de pobres rurales encontrarían grandes beneficios si es que en el Perú estuviese ocurriendo no solo una descentralización político – administra­tiva, sino también un desarrollo económico descentralizado. La multiplicación y diversifi­cación de las actividades económicas rurales y la intensificación de las relaciones entre el campo y las ciudades pequeñas e intermedias abrirían nuevas oportunidades a los minifun­distas quienes, sin necesariamente tener que abandonar sus tierras ‘para formar predios agrícolas viables de 20 o más hectáreas’, accederían a un mercado de trabajo diversificado. Es una estrategia llamada hoy de ‘desarrollo territorial’. También aquí corresponde al gobierno central una tarea de orientación y estímulo.

En la misma oportunidad el presidente García afirmó que debería dejar de cultivarse el arroz, pues no es rentable y consume mucha agua. Pero resulta que se están entregando decenas de miles de tierras para el cultivo de caña de azúcar – cultivo que también es gran consumidor de agua – para la producción de etanol para la exportación por grandes em­pre­sas (¡que están exigiendo exoneraciones tributarias para ser rentables!). ¡Por lo menos el arroz sirve para alimentar a la población y es una fuente de ingresos para miles de pequeños agricultores! Y resulta que el Programa Sierra Exportadora parece más un programa para que los grandes inversionistas se aprovechen de las particularidades ecológicas de esa re­gión que para ayudar a una parte del campesinado (gran parte de ellos minifundistas) a salir de la miseria. De otra manera no puede entenderse las declaraciones del Ing. Benza, presi­dente del Programa, por dedicar 200 mil hectáreas al cultivo de insumos para biodiesel de exportación.

Lo preocupante es que detrás de las palabras del presidente pueda estar la intención de orientar el desarrollo del agro por el lado de la consolidación de la gran empresa agraria dedicada a la exportación, y continuar ignorando las necesidades de las centenares de miles de familias ‘minifundistas’ y el mismo concepto de desarrollo rural.

[1] Ver El Peruano, martes 17 de abril 2007.
[2] Después de trece años, es tiempo que el gobierno haga un nuevo censo agropecuario para actualizar esta información, sin la cual es difícil diseñar y ejecutar políticas de desarrollo rural.

miércoles, 19 de abril de 2006

Fernando Eguren en entrevista con Jaime de Althaus sobre el TLC


En abril del 2006, Fernando Eguren, presidente del CEPES 
asistió al programa "La Hora N", que conduce Jaime de Althaus en Canal N, 
para desmentir las acusaciones que se vertieron contra CEPES
y en general contra las ONGs del país...


Entre el año 2005 y 2006, en medio de las negociaciones que realizaba el gobierno toledista para la firma del TLC con Estados Unidos, el CEPES y otras organizaciones como Conveagro, produjeron una campaña radial llamada "La verdad del TLC".

Una campaña muy modesta si la comparamos con la millonaria maquinaria propagandística del gobierno de Toledo (pagada por todos los peruanos), que desplegó información incompleta y sesgada para apoyar la negociación del TLC.

Los microprogramas radiales se distribuyeron de manera gratuita a una red de radioemisoras nacionales con las cuales CEPES trabaja y comparte información. Las emisoras fueron libres de difundir la campaña y muchas lo hicieron porque consideraban que su contenido era pertinente. El CEPES no estaba de acuerdo con un TLC que tendría efectos negativos en vastos sectores de la población más vulnerable.

No tardó mucho tiempo para que CEPES fuera objeto de una andanada de acusaciones provenientes de algunos medios de comunicación y de altos funcionarios del Estado. Algunos incluso recurrieron a oligofrénicas y trasnochadas teorías de la conspiración, soltando falsas acusaciones de que detrás de la campaña "anti TLC" se encontraba la mano de Hugo Chávez.

Todo ello solamente reflejaba que el gobierno no estaba dispuesto a escuchar ni que se escuchen opiniones discordantes.