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miércoles, 26 de agosto de 2015

¿Campesino, indígena o agricultor familiar?



Artículo de La Revista Agraria N° 174, publicación del CEPES, 
que se distribuyó con el diario La República 
 Escribe: Fernando Eguren (1) 



"...Por responder al clamor de la justicia y al derecho de los más necesitados, es que la Ley de Reforma Agraria ha dado su respaldo a esa gran masa de campesinos que forman las comunidades indígenas que, a partir de hoy, abandonando un calificativo de resabios racistas y de prejuicio inaceptable, se llamarán comunidades campesinas. ..

 Con estas palabras, el general Juan Velasco Alvarado anunciaba el inicio de la reforma agraria el 24 de junio de 1969, precisamente el día en que se celebraba el Día del Indio, instaurado por el presidente Augusto Leguía en 1930.

lunes, 29 de junio de 2015

Por el Día del Campesino, aprueban la Estrategia Nacional de Agricultura Familiar


Escribe: Fernando Eguren

El día sábado 20 de junio, cuatro días antes de la celebración del Día del Campesino, el Ejecutivo aprobó la Estrategia Nacional de Agricultura Familiar (ENAF) para el periodo 2015-2021 (D. S. 009-2015-MINAGRI), que contiene algunas disposiciones interesantes.

sábado, 18 de abril de 2015

El Perú debe utilizar su riqueza genética para enfrentar al cambio climático



Escribe: Fernando Eguren (1) 


 Un reciente informe de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) subraya la gran importancia del uso y aprovechamiento de los recursos genéticos para reducir los impactos negativos del cambio climático(2). El informe nos lleva a reflexionar acerca de si en el Perú las políticas públicas alientan el desarrollo de una agricultura orientada a la valorización de nuestros propios recursos genéticos.

lunes, 3 de junio de 2013

Fernando Eguren de CEPES: desde hace décadas no hay políticas claras en el sector agropecuario

En entrevista con Actualidad Ambiental TV, el presidente del Centro Peruano de Estudios Sociales (CEPES) y director de la Revista Agraria, Fernando Eguren, señaló que no existen políticas claras en el sector agropecuario, pese a que existe un incremento notable en la cantidad de empresas y familias que se dedican a este rubro en comparación a la década de 1990.
“Sobre estos agricultores no hay políticas claras definidas y no las ha habido en las últimas décadas. Puede afirmarse que a diferencia de los dos gobiernos anteriores, recientemente estamos viendo algún tipo de preocupación por este amplísimo sector. Hay una cierta mayor sensibilidad en el tema alimentario”, refirió Eguren.

viernes, 12 de abril de 2013

Los principales diarios toman posición sobre el límite a las tierras agrarias

EL DEBATE SOBRE LA CONCENTRACIÓN DE TIERRAS REVIVE Y SE CALIENTA


En días recientes se ha reavivado el debate sobre la concentración de la propiedad de las tierras agrícolas en manos de los neolatifundios agroexportadores. El nuevo impulso al debate lo dio el propio presidente Ollanta Humala en un discurso dado a pequeños agricultores en la localidad limeña de Barranca, el 17 de enero, donde afirmó que el minifundio podía ser rentable si disponía de los recursos y de las oportunidades a los que acceden los latifundios. Advirtió sobre la idealización de la gran agricultura: «Nos hacen creer que el minifundio no es rentable y que, por lo tanto, tenemos que apostar al latifundio».

El debate en los principales diarios

viernes, 1 de junio de 2012

«La concentración de la tierra es parte de un modelo excluyente»



En el hemiciclo ‘Raúl Porras Barrenechea’ del Congreso se desarrolló una audiencia pública que puso nuevamente en debate un tema sensible para el país: limitar o no la propiedad de la tierra en el Perú.

La audiencia, «Límites a la propiedad de la tierra», fue organizada por el congresista liberteño y presidente de la Comisión Agraria, José León Rivera, el pasado 16 de febrero, donde participó Fernando Eguren, presidente del CEPES.

martes, 27 de marzo de 2012

Gobernanza de la tierra para regular la concentración de la propiedad



Existe una competencia mundial por el acceso y uso de los recursos naturales: tierra, agua, bosques, minerales, Hidrocarburos, maderas, peces, biodiversidad. Grandes protagonistas en esta competencia son las corporaciones nacionales y transnacionales. El motor de esta competencia es el aumento global del consumo de productos derivados de esos recursos, y la especulación. Los perdedores de la competencia suelen ser poblaciones pobres y grupos indígenas que poseen los recursos naturales pero que son despojados de ellos, frecuentemente al amparo de leyes dadas por gobiernos pro-corporaciones. El contexto de la competencia es un cambio climático cuyos impactos sobre los recursos naturales renovables pueden ser adversos y aún catastróficos.

martes, 4 de enero de 2011

Sierra Ganadera

sierra Perú
Artículo publicado en el diario La República (04 enero 2011)
Por Fernando Eguren (Presidente de CEPES)

Con acierto, el ministro de Agricultura, Rafael Quevedo, declaró hace pocos días que daría prioridad a la ganadería en la Sierra. ¿Cuán importante es la ganadería para la economía campesina? Tomando en sentido amplio el término de ‘campesino’ como todo trabajador rural poseedor de 10 hectáreas o menos, es claro que la ganadería tiene una gran importancia. Ellos son, según el último Censo Agropecuario de 1994, cerca de 1.5 millones de familias, y representan el 85% del total de explotaciones agropecuarias. En el 48% de estas pequeñas explotaciones se crían vacunos, en el 39% ovinos y en el 37%  porcinos. En cuanto a los camélidos, en las explotaciones de pequeños pastores, con áreas menores de 10 Has, se criaban el 59% de llamas y el 44% de las alpacas(1).  Según una fuente, en el altiplano puneño el 98% de los hogares rurales poseen ganado(2).

jueves, 24 de junio de 2010

Reforma y contrarreforma agraria, 41 años después

Artículo publicado en el Diario La República (24 junio 2010)

 
Por Fernando Eguren (Presidente de CEPES)

Un día como hoy, hace 41 años, el gobierno del general Velasco promulgó la ley de reforma agraria y, simultáneamente, ocupó los grandes complejos agroindustriales azucareros de los llamados ‘barones del azúcar’.

En los siguientes seis años, fueron expropiadas todas las haciendas del país. Sus tierras fueron adjudicadas a cooperativas agrarias de producción (alrededor de 2.3 millones de hectáreas), a Sociedades Agrícolas de Interés Social (SAIS, 2.9 millones) y a comunidades y otras organizaciones campesinas (3.5 millones). Se beneficiaron 375 mil familias. Regionalmente, fueron expropiadas y adjudicadas el 53% de las tierras de uso agropecuario de la costa y el 23% de la sierra.

Las cooperativas y las SAIS no resistieron el paso del tiempo: las primeras fueron divididas por los propios trabajadores en parcelas familiares, y las tierras de las segundas fueron, salvo excepciones, distribuidas entre las comunidades campesinas.

Desde el punto de vista de la producción, la reforma agraria no fue exitosa. Pero al redistribuir las tierras, mejoraron los ingresos de centenares de miles de familias. Desde el punto de vista social y político fue muy importante: puso fin al gamonalismo y a las relaciones serviles, democratizó la sociedad rural y permitió la conversión de los campesinos en ciudadanos.

La contrarreforma agraria, iniciada tímidamente en los ochenta se aceleró en la década de 1990. La Constitución de 1993 eliminó las restricciones a la propiedad agraria y redujo la protección a las tierras de las comunidades. Muchas leyes posteriores profundizarían la liberalización del mercado de tierras, marginarían a la agricultura familiar y debilitarían aún más las normas que amparan los derechos comunales. El manifiesto escrito por el presidente García, “El síndrome del perro del hortelano” en octubre de 2007 puso en blanco y negro el decidido apoyo de su gobierno a la reconstitución de latifundios: campesinos y nativos no deben ser los propietarios de sus recursos pues, afirma el presidente, no saben y son pobres; esos recursos deben ser transferidos a los grandes inversionistas, que tienen las tecnologías y recursos económicos, y que además se convertirán en sus nuevos patrones. Continúa así la orientación de los gobiernos de Fujimori y Toledo de reconstitución de latifundios.

Cuarenta y un años después de la reforma agraria hay neolatifundistas mayores que los que existieron antes de la reforma agraria.

El más grande de todos, el grupo Gloria, controla alrededor de 60 mil hectáreas en la costa de Áncash y La Libertad; el grupo Romero, unas 20 mil hectáreas en Piura, Huaral y San Martín; el grupo Dyer (Camposol), alrededor de 24 mil hectáreas en varios valles de la costa; la empresa Maple, 12 mil hectáreas en el valle del Chira. Hay decenas de neolatifundios que tienen más de mil hectáreas. Y las casi 150 mil hectáreas de nuevas tierras públicas, que se ganarán en la costa con nuevas irrigaciones hechas con dineros también públicos.

martes, 7 de julio de 2009

Reforma Agraria: 40 años después - MESA REDONDA





Mesa Redonda que se grabó para el programa radial Tierra Fecunda. Participan el sociólogo Fernando Eguren López, presidente del Centro Peruano de Estudios Sociales, CEPES; el ingeniero Raul Chao, gerente de la Asociación de Promoción Agraria, ASPA; el periodista Reynaldo Trinidad, director de la revista Agronoticias; y el líder campesino Antolín Huáscar, presidente de la Confederación Nacional Agraria, CNA.


jueves, 19 de febrero de 2009

¿Qué significa “desarrollo rural” en el Perú de hoy?

Artículo publicado en el diario La República (19 febrero 2009)

Por Fernando Eguren (Presidente de CEPES)

Hace pocos días fui invitado a hacer una exposición a un grupo de ciudadanos alemanes. El encargo fue exponer en 20 minutos el tema que encabeza este artículo. Para cumplir con el desafío opté por escribir 6 pastillas para guiar mi exposición. Tengo la sospecha de que para muchos lectores estas pastillas les pueden ser útiles. Así que aquí van.

1. Según el censo demográfico de 2007, la población total del país supera las 27 millones de personas; el 24% es rural. Sin embargo, con una definición más amplia de ‘población rural’, ésta puede llegar al 40%. Se estima que tres cuartas partes de esta población es ‘pobre’ o ‘muy pobre’, y se distribuye en las tres regiones. El desarrollo rural es, pues, una necesidad, pero se plantea en cada región también de manera distinta.

2. En el Perú hubo una muy importante reforma agraria entre los años 1969 y 1975. Todas las grandes haciendas fueron expropiadas. Pero la reforma agraria fue más importante social y políticamente (permitió la emergencia de una ciudadanía rural) que económicamente (se distribuyeron tierras pero no se apoyó la mejora de la producción).

3. Cuarenta años después, se aprecia que las políticas económicas neoliberales han promovido la concentración del control sobre la tierra en manos de empresas agrarias modernas dedicadas a la exportación, a la producción de agrocombustibles y a la explotación de minerales, gas y maderas. El agro peruano tiende a polarizarse así entre una parte, minoritaria, de empresas medianas y sobre todo grandes, modernas, capitalizadas  y orientadas a los mercados externos, y otra parte mayoritaria, de pequeños productores que producen para el mercado interno o el autoconsumo. Han quedado marginadas de la atención gubernamental la pequeña agricultura y las comunidades campesinas y nativas.

4. La costa es la región más moderna, urbana, y con mejores tierras. Allí se desarrolla la agricultura moderna de exportación y se concentran los obreros agrícolas. Esas empresas conviven con una pequeña y mediana agricultura orientadas a la producción para el mercado nacional.

En esta región, las posibilidades de un desarrollo rural están muy vinculadas (a) a la necesidad de mejoramiento sustancial de las condiciones laborales de los trabajadores asalariados y (b) al acceso de los pequeños agricultores a los servicios necesarios para la producción.

5. La sierra es la región más campesina, ‘tradicional’, culturalmente diferente, y también la más pobre, a pesar de que tiene importantes recursos. Predomina la pequeña propiedad y las comunidades campesinas. Aunque están vinculadas al mercado, una parte importante de sus economías está orientada al autoconsumo. Esta región es la que tiene más necesidades insatisfechas. Es la fuente de una importante y sostenida emigración de población joven hacia las ciudades. El enfoque de ‘desarrollo rural territorial’ pareciera el más adecuado para esta región, que plantea superar tanto la visión sectorialista de desarrollo rural, como la disyuntiva rural-urbano.

6. En la selva pueden distinguirse dos subregiones: la selva alta, más agrícola, de pequeños productores de alimentos tanto para el mercado como para el autoconsumo. Es también la región en donde se produce la hoja de coca para el narcotráfico, razón por la cual hay graves situaciones de conflicto. La selva baja es más forestal, con más presencia de comunidades nativas. Así como para la población de la sierra, el desarrollo rural de esta región requiere de un enfoque de desarrollo territorial.

Para que haya desarrollo rural en las tres regiones es indispensable el decidido y sostenido apoyo del Estado nacional y subnacional –hoy poco presente– tomando en cuenta, sin embargo, que los caminos al desarrollo rural en el Perú son diversos como diversos son sus espacios rurales.


miércoles, 23 de enero de 2008

El problema étnico: esperanza y riesgo

Con preocupación, el diario El Comercio alerta, en su edición del domingo 13 de enero, sobre el hecho de que las demandas constantes de la población del departamento de Puno por mayor atención del Estado están adoptando “un contenido étnico”.

Recordemos que Puno ha ocupado las primeras planas de los diarios cuando hubo el linchamiento del alcalde de Ilave. Varios comentaron, en un sentido crítico, que este era un comportamiento propio de la cultura aymara.

Lamentablemente los linchamientos también ocurren en otras partes del país que no tienen población aymara, incluyendo la ciudad de Lima, por lo que esa explicación, no exenta de racismo, carece de todo sustento. También Puno ha llamado la atención por otros hechos amplificados por la prensa, como la multiplicación de las casas ALBA y el decidido apoyo del presidente regional al presidente venezolano Hugo Chávez.

A diferencia de Bolivia y Ecuador, el tema de la pluralidad de culturas y etnias apenas merece más atención en el Perú que la que le prestan algunos antropólogos y filósofos. No ha logrado motivar la generación de movimientos sociales, como ha ocurrido en los países mencionados, ni ha llamado la atención de la opinión pública. A este respecto, como al que tiene que ver con el evidente racismo de origen colonial, nuestro país tiene una posición: la del avestruz.

La reivindicación étnica puede tener muchos contenidos. El más obviamente legítimo es el que reclama el reconocimiento de su particularidad y la igualdad de derechos en una sociedad en donde constituyen, los grupos étnicos, minoría pobre y marginada. Es por demás evidente que en el Perú existe una inaceptable segregación étnica. Baste mencionar el hecho que los millones de peruanos y peruanas que no tienen como lengua materna el castellano están en una situación de inferioridad con relación al resto de la población en las diferentes dimensiones de la vida. En el Perú el ser quechua o aymara, sobretodo, pero también poblador nativo amazónico, es cargar con un estigma.

Las poblaciones de etnias minoritarias generalmente son predominantemente rurales, lo cual significa una doble segregación, dada la escasa atención del Estado y del sector privado por las áreas rurales, sobre todo en la sierra y selva.

No es de extrañar, pues, que aymaras, quechuas y amazónicos acudan a fortalecer una identidad étnica para lograr articular a quienes se sientan como parte de una colectividad, y aumentar así su capacidad de presión para acceder a derechos y recursos que les son negados, incluyendo el reconocimiento a su propia dignidad.

Existe el riesgo, es cierto, que la orientación del movimiento étnico desemboque en el racismo y la demagogia, como lo es, en Bolivia, la parte minoritaria pero influyente del movimiento aymara conducida por Felipe Quispe, llamado El Mallku.. Este riesgo, sin embargo, no debe ser un argumento para desconocer la justicia de la reivindicación étnica, y menos aún para desconocer que la principal causa de las reivindicaciones más extremas es el desprecio hacia esos sectores de la población, compartido por los gobiernos de turno y la mayor parte de las clases política y empresarial.

En buena medida depende de los cambios de actitudes de estos sectores y del diseño y aplicación de políticas públicas que sean, al mismo tiempo, incluyentes y respetuosas de las diferencias culturales, el que el movimiento étnico contribuya a la construcción de un país al mismo tiempo único y diverso, al fortalecimiento de la democracia y a un desarrollo económico más equitativo y descentralizado

lunes, 10 de diciembre de 2007

A propósito del «síndrome del perro del hortelano» Un presidente para el siglo XIX


«... hay muchos recursos sin uso que no son transables, que no reciben inversión y que no generan trabajo. Y todo ello por el tabú de ideologías superadas, por ociosidad, por indolencia o por la ley del perro del hortelano, que reza: «Si no lo hago yo, que no lo haga nadie»». Alan García Pérez, presidente del Perú

El artículo del presidente Alan García, publicado en El Comercio el 28 de octubre («El síndrome del perro del hortelano»), ha suscitado encendidos comentarios a favor y en contra. Su principal mérito es que contribuye a promover una discusión —prácticamente ausente en los últimos años— sobre modelos de desarrollo socioeconómico. En lo que sigue, subrayaremos algunas de sus afirmaciones, que nos parecen importantes dada la condición del autor.

El Perú es un mendigo sentado en un banco de oro
El presidente García suscribe de manera implícita la metáfora atribuida erróneamente a Raimondi: que el Perú es un mendigo sentado sobre un banco de oro. El banco de oro viene a ser la suma de los muchos, variados e importantes recursos naturales que el país posee: las maderas de la Amazonía, la tierra, los recursos minerales, el gas, el petróleo, el mar. El mendigo —que oficia de «perro del hortelano »— representa un mundo heterogéneo compuesto, en la relación presidencial, de minifundistas, comunidades campesinas, poblaciones nativas, pescadores artesanales, trabajadores que exigen derechos laborales y ciudadanos que aún adscriben a «ideologías superadas» (los «anticapitalistas», precisa); en suma, de ociosos, indolentes e indigentes.

Es difícil precisar cuántos ciudadanos están incluidos en esta impresionante relación, pero con toda seguridad supera largamente al número de peruanos que votaron por el presidente García. Para aprovechar el oro —discurre el razonamiento presidencial— hay que desbancar al mendigo. ¿Cómo? Cambiando las reglas del juego para sentar en el banco de oro a los grandes inversionistas. Si son transnacionales, mejor, pues son las que traen la tecnología.

Es así que cobran pleno sentido proyectos de ley como el que otorga poderes especiales a la Cofopri para reconocer y desconocer derechos de propiedad sobre la tierra durante cuatro años, y como el que declara de necesidad pública los intereses particulares de veinte empresas extractivas, con el fin de sortear los derechos de propiedad consagrados por la Constitución, que favorecen también a comuneros, pueblos nativos y otros ciudadanos representados por el mendigo en la metáfora.

La fuente de la riquezaLa segunda afirmación presidencial es que la riqueza del Perú reside sobre todo en sus recursos naturales y no principalmente en la capacidad transformadora de sus ciudadanos. El mundo ha llegado hace tiempo a la conclusión de que el conocimiento es el real creador de riqueza y el capital humano su principal factor, y sobre ellos se sustenta la competitividad. Por eso se habla hoy de la «sociedad del conocimiento». El presidente se retrotrae siglos atrás para considerar que la materia inerte extraída y con escaso valor agregado es la verdadera riqueza. No sorprende, entonces, el disminuido valor que su gobierno —y, justo es decirlo, también los gobiernos anteriores— da a la educación, forjadora principal del capital humano. Sabemos que la educación peruana, sobre todo la pública, es una de las peores en el mundo. En estas condiciones, el Perú no podrá ser competitivo, pues en mucho es simplemente un perceptor de rentas. En contraste, los conocimientos acumulados de campesinos y pueblos nativos sobre las complejas realidades en las que habitan y sobreviven, son ignorados y hasta despreciados por el mundo oficial.

LRA no está contra la gran inversión. Más aún, considera que en muchos casos es indispensable para la adecuada explotación de los recursos naturales, entre ellos los minerales, el petróleo y el gas. Pero, al mismo tiempo, no confunde el fin con los medios, es decir, el mejoramiento sostenible de la calidad de vida del conjunto de la población del país (el fin), con los diferentes tipos de inversión (los medios). Como sosteníamos en el editorial de LRA 87, del mes de setiembre, con respecto a la minería («¿Minería es desarrollo?»): «No existe […] una relación mecánica entre tener y explotar recursos naturales, sean estos mineros u otros, y generar desarrollo»; «es necesario redefinir el papel que [las actividades extractivas] deben tener en el desarrollo local y regional […], no en cumplimiento de una “responsabilidad social” de la empresa —término que suele ser un eufemismo de “relaciones públicas” y que depende enteramente de la voluntad de la empresa—, sino como una función esencial de esa actividad económica. Esta función debería quedar explícita en los contratos».

Lo moderno es lo sostenibleLa tercera afirmación se deriva de la confusión presidencial entre lo que es la tecnología de punta —la que supuestamente trae la gran inversión extranjera— y la manera moderna de explotar adecuadamente los recursos naturales. Gran parte de la tecnología de punta actual de las empresas mineras y petroleras corresponde todavía a un paradigma de la revolución industrial de hace más de doscientos años, en la que la relación con la naturaleza se basaba en «extraer sin reponer». Se constata hoy que las consecuencias acumuladas de este paradigma son terribles: desaparición de especies biológicas, contaminación de las aguas y los suelos, calentamiento progresivo del planeta. Hoy, lo moderno requiere todo lo contrario: es la búsqueda de un desarrollo que asegure la sostenibilidad de los recursos.

Los anticapitalistasEn esta sostenibilidad se está jugando el futuro de la humanidad, como lo acaba de confirmar el 17 de noviembre, en Valencia, el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC), en su XXVII sesión plenaria. El secretario general de las NN.UU., en su alocución final, subrayó que el cambio climático afectará más a los países en vías de desarrollo. «La desglaciación desencadenará inundaciones y conducirá a reducir la disponibilidad de agua en Asia meridional y en Sudamérica ». Y «si las proyecciones más severas del IPCC se revelan ciertas, gran parte de la Amazonía se transformará en llanuras sin vegetación arbórea», advierte.

Estas deberían ser preocupaciones centrales del Perú y de su presidente. Pero García sostiene que hay una corriente anticapitalista transecular que cambia de piel según las épocas: comunistas en el siglo XIX (¡se supone que gobernaron en el siglo XX!), proteccionistas en el siglo XX (¡Gran Bretaña, EE.UU. y otros países capitalistas se caracterizaron por ser proteccionistas!) y ambientalistas en el siglo XXI (¡cuando el premio Nobel de la Paz ha sido otorgado, por sus méritos ambientales, al IPCC y a Al Gore, difícilmente catalogables de anticapitalistas!).

Lo grande es hermoso: la hacienda, nuevo paradigma de desarrollo
Según el presidente García, las tierras de las comunidades son «tierras ociosas porque el dueño no tiene formación ni recursos económicos; por tanto, su propiedad es aparente. Esa misma tierra, vendida en grandes lotes, traería tecnología...». El presidente debería aclarar si los derechos de propiedad de los que «no tienen formación ni recursos económicos» (que califica de «aparentes») son de categoría inferior a los derechos de propiedad de los grandes inversionistas que traen tecnología. Ese es, en el fondo, el sustento de los dos proyectos de ley que mencionamos párrafos más arriba.

La idea de «vender la tierra en grandes lotes, lo que trae tecnología », como solución a la puesta en valor de los recursos naturales, la extiende el presidente a las explotaciones mineras, petroleras, pesqueras y madereras. Su concepción de organización de la economía es, finalmente, la de una multiplicación de haciendas modernas: grandes latifundios (para la agricultura, para la minería, para la pesca, para la explotación maderera y gasífera), de propiedad de grandes inversionistas, por un lado, y miles de campesinos, nativos y pescadores, convertidos en obreros (probablemente mal pagados y mal tratados, dada la escasa capacidad y/o voluntad del gobierno de mejorar las relaciones laborales). Nada más contradictorio a la construcción de una sociedad equitativa, ambientalmente sostenible, con muchos actores, instituciones fuertes, mercados locales dinámicos y un Estado activo y, al mismo tiempo, descentralizado.

El Perú no puede desarrollarse en el siglo XXI con visiones propias del siglo XIX.

miércoles, 18 de enero de 2006

Veinticinco años de crisis: Los gobiernos le dan la espalda al agro

Entrevista con Fernando Eguren (presidente de CEPES) para la Rel-UITA  - Año 2002

Fernando Eguren es director del  Centro Peruano de Estudios Sociales (CEPES), una antigua ONG que cuenta con una treintena de colaboradores. De respetada y conocida trayectoria, su acción se desarrolla en diversos ámbitos, todos vinculados a la actividad agraria. Afable, meticuloso, observador y dueño de una sólida formación, Eguren analizó en esta conversación algunos de aspectos esenciales de la situación agraria del Perú.


- ¿Cómo surgió la institución?

- Fundamos el CEPES cinco personas en 1976, aunque realmente empezó a funcionar con continuidad en 1979. Lo creamos porque aunque todos militábamos en la misma organización política de izquierda, trabajábamos en instituciones diferentes vinculadas a organizaciones campesinas, y los cinco pensábamos que la tarea debía efectuarse de manera distinta a como la enfocaban esas instituciones. Así que creamos la nuestra. Desde su origen el CEPES está orientado hacia el sector rural desde distintas perspectivas. Algunas de las líneas iniciales siguen vigentes. Por ejemplo, desde 1980 tenemos un programa radial, “Tierra fecunda”, que tiene alcance nacional, es informativo y de opinión. También desde esos años empezamos a editar publicaciones dirigidas a la población rural, hasta que en 1986 estabilizamos una publicación mensual que actualmente se llama “La revista agraria” y tiene una difusión muy grande porque se distribuye gratuitamente con el diario La República.

- ¿Qué otras líneas de trabajo desarrollan?

- Hay otras más recientes, como por ejemplo la investigación sobre problemas de financiación rural, particularmente enfocada hacia la pequeña agricultura y el mediano campesino que ya lleva cinco años. También tuvimos un programa muy interesante de intermediación financiera hacia pequeños agricultores. En 1992 fue liquidada la Banca de Fomento Agraria, del Estado, y se creó un gran vacío que perdura aún hoy. En esa coyuntura decidimos explorar qué posibilidades había para que el CEPES intermediara entre la banca comercial y la pequeña agricultura que en aquel entonces no era considerada sujeto de crédito. Nuestro papel consistía en preparar los expedientes y presentarlos al banco que prestaba directamente a los agricultores. Este sistema funcionó bastante bien, hasta que en 1997-1998 se produjo el fenómeno de El Niño y los agricultores perdieron todo, no pudieron pagar. Al año siguiente, los bancos ya no quisieron prestar y liquidamos todas las oficinas de ese proyecto. El pago de esas deudas acumuladas por los agricultores en los años posteriores al El Niño, sigue siendo un tema de mayor importancia para las organizaciones de agricultores.

Recientemente iniciamos una interesante investigación sobre la rentabilidad de la agricultura en la zona de la costa en base a una tipología de establecimientos agropecuarios, cuyo propósito es indagar con fundamento científico en las verdaderas causas de la crisis del agro, que es por todos reconocida, pero prácticamente por nadie estudiada.

Tenemos también otra línea de trabajo que se escapa del área rural, y es la de hacer un análisis de las orientaciones y el papel que juega la cooperación internacional en el Perú. Al estar vinculados a la Asociación Latinoamericana de Organizaciones de Promoción (alop) hemos extendido esta actividad al ámbito latinoamericano, con muy buena fortuna, porque el responsable de esta área ha sido nombrado asesor del ministro de Relaciones Exteriores, precisamente para revisar toda la política de cooperación y definir, como nunca se ha hecho, los términos en los cuales debe canalizarse la cooperación externa.

Por otra parte, desarrollamos una actividad de vigilancia sobre los riegos que están sufriendo las comunidades campesinas con respecto a la tenencia de sus tierras. Debido a una ofensiva desatada desde hace cinco o seis años por empresas mineras que pretenden explotar áreas que en muchos casos pertenecen a las comunidades campesinas. Los yacimientos más importantes están el Los Andes, que es donde viven esas comunidades. Hay una inmensa desproporción en la capacidad de negociación ante el Estado entre unos y otros, por lo que las comunidades terminan siendo perjudicadas porque cuando reciben algún pago a cambio del derecho de explotación, casi siempre es una cantidad ínfima de dinero, pero sobre todo porque la actividad minera tiene una serie de consecuencias desfavorables para el ambiente y la salud de las personas sin crear mucho empleo. Siendo una de las principales actividades industriales del país, la minería representa apenas menos del 1% del empleo nacional. Desde hace dos años las comunidades campesinas se han organizado en una entidad que se llama Coordinadora de Comunidades Afectadas por la Minería que ha logrado adquirir peso político. Este y otros temas están presentes en una suerte de mesa que agrupa a muchas organizaciones campesinas y nosotros apoyamos fuertemente esas luchas.

En la zona de la costa estamos iniciando un programa, aunque con dificultades de financiamiento, de apoyo a los pequeños agricultores cuyas posibilidades de competir son bastante precarias porque no reciben asesoría técnica, financiamiento o información, entonces su situación en el mercado es muy desventajosa. Esto se va agravar en la medida en que seguirán cayendo los aranceles con los países limítrofes. Nuestra actividad es organizar un sistema de información en un valle que queda a una hora y media de Lima, una zona de referencia para los productores y si el sistema funciona existen posibilidades de que se replique en otras áreas. En la costa existen 52 valles y las organizaciones más activas son las Juntas de Usuarios del Riego, porque en realidad la costa del Perú es un desierto surcado por ríos que bajan de los Andes. Esa agua es la que se aprovecha para la agricultura. Nuestra idea es conectar a estas Juntas en una red mediante un sistema informático que las provea de información referida a precios y otros datos prácticos, pero después querríamos que las escuelas pudieran tener acceso a esta red conectada a internet.

Para nosotros lo más interesante sería que se llegue a que la propia población sea quien maneje el sistema, que aprendan a hacerlo. Lamentablemente, como es un programa muy novedoso, por ahora las agencias no consiguen encuadrarlo dentro de sus líneas de trabajo y no hemos conseguido el financiamiento necesario para desarrollarlo completamente. De todas formas nosotros seguiremos gestionando apoyos para esto.

- ¿Qué es CONVEAGRO y qué relación tiene con ustedes?

- CONVEAGRO fue fundada en 1994 por el gobierno de Alberto Fujimori que convocó desde el Ministerio de Agricultura a las organizaciones para formar un Convención Nacional del Agro. Durante cuatro años sucesivos se celebró esa reunión, a la que asistía todo el gremio, las agencias de cooperación, etc. Cuando cambió el ministro del ramo se desactivó ese ámbito, pero algunos de quienes venían asistiendo difundieron la idea de continuar, y a ellos se sumaron ONG, asociaciones de ingenieros agrónomos, de veterinarios y se formó la CONVEAGRO actual, que es un foro anual en el que participan todos quienes lo desean y donde se discute abiertamente sobre cualquier tema vinculado a la actividad agraria. Allí convergen pequeños y medianos productores, personas e instituciones de todos los orígenes. La idea es que sea un foro plural y no un gremio de gremios. Nosotros participamos activamente en la directiva de CONVEAGRO que ya tiene tres años, está integrada de manera estable por 20 organizaciones y desde el interior del país han surgido CONVEAGROs locales que solicitaron apoyo para fortalecerse como organizaciones e integrarse a la red nacional.

Asimismo, nuestra institución siempre ha tenido una relación privilegiada con la Confederación Campesina del Perú (CCP), desde sus orígenes. El CEPES ha trabajado mucho en apoyo a las federaciones regionales de la CCP, que de alguna manera en cierto momento fue competitiva con la Confederación Nacional Agraria (CNA), pero con el tiempo se han acercado, mucho, y actualmente cada una tiene su peculiaridad pero ambas participan en CONVEAGRO. En realidad la CNA fue creada por el fujimorismo, pero después escapó de su control.

En mi opinión todas las organizaciones campesinas, de comunidades, se han debilitado mucho porque no se han actualizado, no se han puesto a tono con los tiempos, lo que significa sintonizar con los problemas básicos que tiene hoy el Perú. Entonces se producen grandes confusiones, como por ejemplo hace dos años la CCP levantó la consigna de que “El” problema del campesinado era la violencia, cuando eso no es real si se aísla de un contexto que indica que el campesinado es explotado, marginado y totalmente ausente de los objetivos de las políticas oficiales. Me parece que hay un problema de orientación, que no es privativo de esas organizaciones, sino que padecen muchas otras instituciones. Nuestro vínculo con la CCP sufrió ese mismo proceso de debilitamiento, y todavía no vemos con claridad las perspectivas de esta relación.

Participamos también junto a otras ocho ONG de un movimiento llamado Propuesta Ciudadana que trabaja sobre la idea de la descentralización que en este momento en Perú es un tema de enorme importancia social, política y cultural.

Este amplio abanico de intereses a veces puede parecer contraproducente, y nosotros mismos lo hemos discutido, pero por ahora concluimos que esa amplitud nos permite hablar mejor sobre la globalidad del “problema agrario”, no sólo sobre temas puntuales.

- Hablemos desde esa perspectiva, ¿cuál es la situación del agro hoy y cuáles son los antecedentes de esa actualidad?

- A fin de la década del 60 hubo una reforma agraria, impostergable porque la movilización de los campesinos, que ya llevaba diez años ininterrumpidos, era muy fuerte, y en un contexto en el cual el ejemplo de la Revolución cubana empezó a ser temido por los gobiernos al punto que los propios Estados Unidos, mediante la Alianza para el Progreso, promovió un cierto modelo de reforma agraria. La peruana fue una reforma muy radical efectuada por el gobierno militar del general Juan Velasco Alvarado que expropió todos los grandes establecimientos del país, los modernizados y los atrasados, todos por igual. En los más grandes creó cooperativas agrarias con la idea de que no había que perder la economía de escala. Estas cooperativas, casi sin excepción, fracasaron fundamentalmente porque las familias asociadas, que habían sido los asalariados agrícolas de lugar, decidieron repartirse la tierra, y hoy en día esas parcelas son unidades familiares.

Otra institución importante en el campo son las comunidades campesinas, sobre todo presentes en la sierra.

- ¿Son comunidades indígenas?

- Hay algunas que sí y otras que no.


- Para quien no es peruano, la definición de indígena que existe en este país es difícil de comprender.

- Es un tema muy interesante. Mientras que en países como Bolivia y Ecuador, por ejemplo, lo indígena es bastante claro y hay una importante integración de los campesinos con su identidad indígena, en el Perú el grueso de los campesinos que están en las comunidades de la sierra no se han apropiado del término. Acá la palabra indígena siempre ha tenido una connotación bastante peyorativa, y los únicos que aceptan esa identidad sin problemas son los grupos amazónicos, pero en la sierra la mayor parte de los campesinos no se refieren a sí mismos como indígenas. Una de las medidas del gobierno de Velasco fue cambiar el nombre de “comunidades indígenas” a “comunidades campesinas”. Acá no hay un movimiento indígena. Sendero Luminoso, por ejemplo, nunca mencionó el término indígena. El movimiento demográfico de las sierras a las ciudades provoca que el serrano que llega a la urbe procure abandonar cualquier signo notorio de su origen campesino o quechua, abandonan la lengua, la vestimenta, etc. Conservan las celebraciones correspondientes a sus lugares de origen, que es cuando los inmigrantes en las ciudades se reúnen, bailan, cantan y desempolvan sus vestimentas locales. Pero nada de eso se ve “en la vida cotidiana”. En Lima es rarísimo ver a una mujer vestida como “chola”, como lo está la mayor parte en La Paz. Nuestro proceso histórico a determinado que si bien existen diferencias culturales, no están organizadas en las cabezas de la gente.

- Sin embargo, ¿la propia idea de “comunidad” no proviene de la tradición indígena?

- No. Bueno, sí y no. Las comunidades son organizaciones que han existido en los campos de Europa, de Rusia. Acá existían los ayllus, o comunidades, antes de la conquista española, pero luego, en el siglo XVI, los ayllus fueron reorganizados bajo los patrones de las comunidades españolas. Uno de nuestros grandes literatos y antropólogos, José María Arguedas1desarrolló su tesis acerca de las comunidades en España y en Perú, donde demuestra este parentesco. Las comunidades campesinas que conocemos ahora no son la evolución de los ayllus, sino que, sin duda sobre esa base, una transformación provocada por la conquista. Existe un imaginario, aunque ahora muy debilitado, en la perspectiva de los movimientos indigenistas que hubo acá en las primeras décadas del siglo XX, en el que establecían una continuidad histórica entre las comunidades y los ayllus, y decían que éstos habían permanecido prácticamente como focos de resistencia cultural, que no habían sido cambiados, pero la realidad es que las comunidades son muy mestizas. De hecho, la organización comunal, que existe en muchas partes del mundo, tiene que ver con formas asociativas de enfrentar la naturaleza y evitar la erosión, organizar el descanso de las tierras para impedir su agotamiento, y todo eso se va transformando luego en un conjunto de pautas culturales. En los últimos 30 o 40 años se han formado muchas comunidades campesinas porque esa organización ofrece ciertas ventajas, incluso hasta 1993 existía una legislación que las protegía en varios aspectos. Actualmente hay una 5.700 comunidades registradas, que constituyen un sector con características muy heterogéneas. En todo el debate electoral de este año (NdR: se refiere a 2001), nadie mencionó a las comunidades campesinas. Simplemente es como si no existiesen.

- ¿Qué población representan las comunidades?

- Unos 3 millones de personas sobre una población rural nacional de 8 millones. Es un grupo muy importante. Dentro de ellas, las tierras de cultivo son propiedad familiar, y lo que suele ser colectivo son las pasturas así como algo que se podría definir como una “sensación de territorio”. En 1995 se aprobó una ley por la cual se consideró por primera vez que las tierras de las comunidades podían ser compradas, vendidas, arrendadas, divididas, hipotecadas, etc, mediando la aprobación de la comunidad. Sin embargo esta posibilidad no ha generado un proceso de atomización.

Estas comunidades, entonces, recibieron tierras de las haciendas más que nada ganaderas. En la sierra la ganadería es muy extensiva, un vacuno necesita a menudo 2 hectáreas porque la vegetación natural es de baja calidad nutritiva.

En ciertas zonas de la costa permanecieron algunos medianos empresarios que en los últimos años se han ido fortaleciendo un poco gracias a la apertura comercial general, porque se especializaron en cultivos de exportación como los espárragos. Luego queda un número muy reducido de grandes unidades de más de 500 hectáreas. Pero las políticas oficiales no incorporan esta realidad diversa, y no contemplan las pequeñas y medianas propiedades. Todo el discurso, todo el imaginario del desarrollo de la agricultura peruana están basados en una abstracción que es una unidad productiva de mediana para arriba, vinculada con el mercado internacional y que se supone que cuando ellas tengan éxito ejercerán un efecto de arrastre, de trasmisión de tecnología, de modernización sobre el resto de la agricultura, cosa que obviamente no está sucediendo. El Perú debe reorientar radicalmente sus opciones agrarias. Las políticas sectoriales pueden tener éxito en una región en la cual haya monocultivos comerciales con economía de escala, especialización, etc., pero para una agricultura como la de la sierra, en la cual tanto la topografía como el clima hacen que el campesino tenga cuatro o cinco pedazos de tierra y plante maíz acá, tabaco por allá y el ganado más arriba, lo que se necesita son políticas que estimulen el desarrollo sobre una base territorial en la cual la pequeña agricultura tenga posibilidades de coexistir con otras actividades. De lo contrario, la sierra rural seguirá siendo un depósito de pobres, porque allí van de pobres a miserables, convirtiéndose en una fuente constante de emigrantes hacia la selva alta. Las técnicas que llevan consigo estos expulsados de la sierra son inadecuadas para esa región, lo que provoca grandes pérdidas de suelos por malas prácticas de cultivo. También hay migración hacia esas zonas para trabajar en los cultivos de coca y en la minería clandestina, cuyos efectos ambientales son devastadores.

- ¿Cuál es el factor predominante en esta situación?

- Se han juntado varios problemas. Uno es el económico, porque Perú vivió una crisis constante desde 1975 hasta 1991, cuando llegó Fujimori. La aparente bonanza duró hasta 1997, cuando se volvió a entrar en una crisis recesiva que continúa ahora. Quiere decir que en los últimos 25 años apenas hemos tenido cuatro años de, por así decirlo, “prosperidad”. El resto fue una sola crisis interminable, y el agro no es ajeno a eso. Otro problema fue la presencia de Sendero Luminoso durante toda la década de los 80 y parte de los 90, que detuvo las inversiones, hubo mucha migración, y en general las condiciones para que pequeños y medianos productores se desarrollaran estaban quebrantadas. Hasta la investigación académica se detuvo, porque era  demasiado peligroso el trabajo de campo. Sendero amenazó o asesinó a muchos dirigentes gremiales campesinos de izquierda, porque para Sendero la competencia no era la derecha sino las organizaciones de izquierda. Eso afectó mucho a los gremios.

- ¿Perú es autosuficiente en productos agrícolas?

- No. El territorio es grande si nos fijamos en que son más de 1.200.000 kilómetros cuadrados, para una población de 26 millones de personas. Uno diría que el territorio es inmenso, pero más del 50% es selva inhóspita para el ser humano, está la Cordillera de Los Andes que es algo endiablado porque las partes cultivables son muy estrechas y las pasturas son escasamente nutritivas, y luego la costa que es un desierto. Entonces, la relación hombre-tierra en Perú es muy baja, creo que de las más bajas de América Latina después de algún país centroamericano. El suelo de la costa, si es irrigado, es muy productivo, y como no hay muchas variaciones climáticas podría mejorar muchísimo la productividad. En ese sentido, desde el punto de vista de la oferta de alimentos necesarios podría proveer una parte mucho mayor que la de hasta ahora. Desde comienzos del siglo pasado Perú ha sido importador de trigo, y como durante muchos años las exportaciones fueron subsidiadas, el consumo de harinas blancas, de fideos, de pan, es parte inamovible de la dieta nacional. Actualmente estamos importando algo más de 1 millón de toneladas métricas de trigo, frente a una producción nacional que debe andar en las 100 mil toneladas, incluso de una variedad de trigo que se adapta mucho a estos productos que mencioné. Hay dependencia también de productos lácteos. Gracias a una protección política, ha aumentado mucho la producción de lácteos, pero es insuficiente y se importa mucho de Australia, de Nueva Zelanda y de Europa. Se importan también los aceites vegetales, las carnes, aunque la carne de pollo ha sustituido mucho a la roja, lo que significa que nos hemos convertido en grandes importadores de maíz para ración. Actualmente producimos apenas la mitad del maíz industrial requerido. Ese volumen de importaciones representa entre 800 y 900 millones de dólares anuales, lo que para la economía peruana es una cantidad importantísima. Es cierto que si se redujeran las importaciones mejoraría la situación de algunos productores como los de alimentos, pero no creo que haya condiciones en el futuro para poner barreras arancelarias. Lo que se debe lograr en Perú es un gran esfuerzo en el incremento de la productividad, y hay mucho por hacer en educación, en transferencia tecnológica. Por ese camino podríamos aumentar la oferta, y será la manera en que los agricultores podrán defenderse de la apertura de mercados que se avecina.

El actual ministro de Agricultura es bastante sensible a estos problemas, pero la cosa no depende sólo de un ministro, y me parece que los gremios tampoco tienen una perspectiva de esta situación, no ejercen presión sobre los gobiernos para que se asuman ciertas políticas de Estado. El agro participa en el Producto Bruto Interno apenas con un 8%, por tanto los pequeños y medianos productores no aparecen en los cálculos gruesos. Cuando se mira al agro desde el Estado se tiene en cuenta a los exportadores, pero nada más. Por eso se insiste con los programas sociales, porque para una determinada mentalidad la sociedad carece de valor económico. Cuando en la campaña de 2000, Toledo dijo: “La gente no quiere caridad, quiere dignidad”, estaba aludiendo a que en vez de ayuda social había que crear empleos, la oposición lo aprovechó y lo acusó de querer cortar los programas sociales. Allí Toledo perdió 3 puntos en la votación. Pero creo que Toledo tenía razón, de esta situación no se sale sin más desarrollo. Insisto en que el actual ministro es sensible a estos temas, pero todo el mundo sabe que el ministro de Economía, que es quien tiene la llave de la caja, no comparte esta orientación, y para él el problema es cómo lograr que el barco siga flotando. Esa es la diferencia, que uno quiere seguir a flote y el otro está preocupado en llegar a determinado puerto.

- ¿Cuál es la situación del debate sobre transgénicos en Perú?

- No hay debate porque no hay áreas implicadas. No hay ninguna gran empresa que esté con eso, no es un tema.

- Pero hay importación de maíz, soja, aceite etc.

- Hay algunas ONG que están introduciendo el tema, justamente con relación a algunas importaciones de las cuales se ignora si contienen transgénicos o no. Pero el tema no interesa, no está en la agenda. Lo que sí está tibiamente es uno de los aspectos que tiene que ver con los derechos de propiedad sobre algunas variedades nativas, porque algo se ha sabido acerca de robos escandalosos de biodiversidad. A pesar de que uno tras otro los gobiernos del Perú se llenan la boca diciendo la enorme riqueza que tenemos en ese aspecto, ninguno ha hecho nada para defenderla, para aprovecharla o siquiera conocerla realmente.

Autor: Carlos Amorín  © Rel-UITA

Entrevista con Fernando Eguren (presidente de CEPES) para la Rel-UITA