El Perú
tiene una gran cantidad y variedad de recursos naturales, y su
explotación y exportación a lo largo de la historia (caucho, salitre,
guano, minerales...) ha sido el sustento de los ciclos de crecimiento
económico y de parte considerable de los ingresos fiscales.
La depredación de estos recursos o la baja de sus precios en el mercado
internacional terminaron con cada ciclo, sumiendo al país en
depresiones económicas e impidiendo al Estado afrontar la brecha fiscal y
externa. Esta recurrente opción extractivista —que, por lo demás,
caracteriza también a otros países de la región— conduce, a la larga,
después de un círculo inicialmente auspicioso, a un círculo vicioso «que
nos lleva a un retroceso económico-social y político, básicamente como
consecuencia de choques externos y domésticos»1. Los recursos naturales
pueden ser una maldición si la economía se «cuelga» de ellos.
