En
las últimas semanas se ha reavivado —en ciertos sectores— una inusitada
preocupación por un tema que ya parecía temporalmente resuelto: la
importación de semillas y productos transgénicos como, por ejemplo, el
maíz amarillo duro. Pero ¿qué ha ocurrido para que este asunto de
interés nacional ocupe de nuevo un lugar en la mesa de discusiones?
