martes, 10 de noviembre de 2015

«En América Latina, los brasileños y los peruanos fueron de lejos los mayores consumidores de comida rápida»

Es lo que afirma un reciente informe, Alimentos y bebidas ultraprocesados en América Latina: tendencias, efecto sobre la obesidad e implicaciones para las políticas públicas. Departamento de Enfermedades no Transmisibles y Salud Mental. OPS/OMS. Washington D. C., 2015.


Escribe: Fernando Eguren (1) LRA: http://bit.ly/1LwmjpQ

La Organización Panamericana de la Salud y la Organización Mundial de la Salud (OPS/OMS) han publicado un importante informe que abunda respecto a un problema que ya está puesto en la agenda sobre seguridad alimentaria y nutricional: la malnutrición y, específicamente, el consumo de alimentos y bebidas ultraprocesados.


 En muchos países, incluido el Perú, la atención en materia alimentaria ha estado centrada en el tema de la desnutrición, sobre todo infantil. En los últimos años, nuestro país ha progresado en una importante reducción de la desnutrición infantil, reducción en la que el crecimiento de la economía y los programas sociales, en ese periodo, han desempeñado un importante papel. Mucha menor atención han merecido las distintas formas de malnutrición, en particular, el consumo frecuente de alimentos ultraprocesados, principal causante del sobrepeso y la obesidad. Desde hace años, se viene observando un incremento de la incidencia del sobrepeso y la obesidad en todos los rangos de edad de la población, incluyendo hombres y mujeres (gráfico 1). En 2010, el 23 % de los escolares peruanos tenían exceso de peso, y en la misma situación se encontraban el 51 % de las mujeres en edad fértil (2).



 Uno de los problemas del sobrepeso y la obesidad es que influyen en la ocurrencia de las enfermedades no transmisibles (hipertensión, diabetes y enfermedad coronaria), y constituyen, por tanto, un grave problema de salud pública.

 La reciente publicación del informe de la OPS/OMS, que analiza la situación en trece países de América Latina, incluyendo el Perú, nos ilustra acerca de que en la región está creciendo en forma notable el consumo de productos ultraprocesados, de manera paralela a «la urbanización y cuando los gobiernos nacionales abren sus países a la inversión extranjera y eliminan la regulación de los mercados (desregulación)».(3)

 Pero ¿qué son «productos ultraprocesados»? 

 En el mencionado informe, la OPS/OMS los define de la siguiente manera: «Los productos ultraprocesados son formulaciones industriales elaboradas a partir de sustancias derivadas de los alimentos o sintetizadas de otras fuentes orgánicas. En sus formas actuales, son inventos de la ciencia y la tecnología de los alimentos industriales modernas. La mayoría de estos productos contienen pocos alimentos enteros o ninguno. Vienen listos para consumirse o para calentar y, por lo tanto, requieren poca o ninguna preparación culinaria»(4).

 Buena parte de los cereales en caja, de los jugos y gaseosas, de galletas y yogures y lácteos, son productos ultraprocesados. Cada vez más, estos productos se venden no solo en las bodegas, sino también en los supermercados, donde son exhibidos en sus brillantes y coloridas envolturas, anaquel tras anaquel. La multiplicación de supermercados y de malls, en los distritos de Lima y capitales de provincias y departamentos del interior, es un importante vehículo para su difusión y consumo.

 El informe de la OPS/OMS dedica adjetivos muy duros a estos productos: «Estos alimentos son problemáticos para la salud humana por distintas razones: tienen una calidad nutricional muy mala y, por lo común, son extremadamente sabrosos, a veces hasta casi adictivos; imitan los alimentos y se los ve erróneamente como saludables; fomentan el consumo de snacks; se anuncian y comercializan de manera agresiva; y son cultural, social, económica y ambientalmente destructivos»(5).

 Dada la legitimidad de las opiniones de la OPS/OMS en materia de salud, los gobiernos deberían verse obligados a tomar —en los plazos más cortos— medidas para una reducción del consumo de estos productos, ya sea a través de normas regulatorias, impuestos o información completa y veraz para los consumidores. Varios países han avanzado por esa vía. El Perú, sin embargo, se ha quedado a medio camino al no cumplir con el debido etiquetado de los alimentos, que es un mandato de la Ley 29571, de 2010, Código de Protección y Defensa del Consumidor. Tampoco ha cumplido en reglamentar la Ley 30021, de 2013, de Promoción Saludable para Niños, Niñas y Adolescentes; ni con terminar de aprobar el proyecto de Ley de Seguridad Alimentaria y Nutricional (dicho sea de paso: la pobre actuación del Gobierno central en esta materia es una pésima carta de presentación para cuando se realice en el Perú, país anfitrión, a mediados del mes de diciembre, el VI Foro Latinoamericano de Frentes Parlamentarios contra el Hambre).

 Situación del Perú 

 El informe de la OPS/OMS muestra que en América Latina el incremento de las ventas en volumen de alimentos ultraprocesados, entre 2000 y 2013, fue de un elevado 48 %. Tomando en cuenta solo las bebidas gaseosas, las ventas se duplicaron en ese periodo, superando a América del Norte.

 En cuanto a las ventas anuales per cápita de alimentos y bebidas ultraprocesados, la situación del Perú (USD 52.9) es bastante menor que la de la mayor parte de países latinoamericanos (Chile: USD 201.9; Bolivia: USD 102.5; Ecuador: USD 88). Pero el incremento de la tasa de crecimiento de las ventas de dichos productos en el Perú es uno de los más altos de América Latina: 65.5 % en el caso de los alimentos y 113.5 % en el de las bebidas.

 Ahora bien, en cuanto al número de compras per cápita de productos ultraprocesados adquiridos en locales de comida rápida (tipo McDonald’s, Kentucky Fried Chicken, Bembos, etc.), el Perú es, después de Bolivia, en donde se observa el crecimiento más rápido de la región: 265 % entre 2000 y 2013, pasando de 8.7 a 31.8 (gráfico 2). «Los brasileños y los peruanos fueron de lejos los mayores consumidores de comida rápida», observa el informe de la OPS/OMS (6).



 El Perú, dada su biodiversidad y variedad gastronómica, tiene todas las condiciones para relegar a un plano totalmente marginal los productos ultraprocesados. Pero para ello se requiere valorar más nuestras costumbres culinarias, tanto en el hogar como en los restaurantes; educar a la población de todos los sectores sociales acerca de lo que es una buena nutrición; develar la nutrida publicidad engañosa de buena parte de la industria alimentaria; y exigir que el Gobierno implemente las leyes y otras normas que ya están aprobadas —pero que no se cumplen por desidia y oposición de la industria alimentaria—, en salvaguarda de una buena alimentación y nutrición de toda la población.

 Notas
 1 Sociólogo. Director de La Revista Agraria y presidente del Cepes.

 2 Minsa. Un gordo problema. Sobrepeso y obesidad en el Perú. Lima, 2012. Este informe contribuyó de manera decisiva a una mayor toma de conciencia sobre este problema en el Perú. Accesible en http://bit.ly/1OyL3jh 

3 Alimentos y bebidas ultraprocesados en América Latina: tendencias, efecto sobre la obesidad e implicaciones para las políticas públicas, p. ix. Departamento de Enfermedades no Transmisibles y Salud Mental. OPS/OMS. Washington D. C., 2015. Accesible en http://bit.ly/1jiDNey

 4 OPS/OMS, obra citada, p. 5. 

 5 OPS/OMS, obra citada, pp. 6-7. 

 6 Obra citada, p. 23.






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