viernes, 6 de julio de 2012

Editorial: Día del campesino y la reforma agraria



«La reforma agraria es irreversible». Esta fue una frase una y otra vez repetida por los portavoces del gobierno militar presidido por el general Juan Velasco Alvarado. Leída desde hoy, Día del Campesino, cuarenta y tres años después de que su gobierno diera la Ley de Reforma Agraria que liquidó los latifundios del país, nos recuerda que la historia está llena de ejemplos de transformaciones que en su momento parecieron definitivos, pero que el paso de los años reveló que, debajo de ellos, había procesos y poderes capaces de revertirlos.

En efecto, cuarenta y tres años después, nuevamente, en el campo peruano, más precisamente, en la costa rural, reinan los latifundios. Alrededor de un tercio de las tierras más ricas del Perú están hoy en manos de empresas que poseen más de mil hectáreas cada una. Cincuenta de ellas poseen en conjunto alrededor de un cuarto de millón de hectáreas. Un solo grupo económico controla 80 mil hectáreas, un área tres veces más grande que el valle entero de Chancay-Huaral. ¡Vaya que la reforma agraria sí fue reversible! Por lo menos en lo que a concentración sobre la propiedad se refiere.

Pero la reforma agraria no fue solamente expropiación de latifundios y redistribución de tierras; también contribuyó a desterrar aberraciones sociales características del régimen de haciendas, como la persistencia de relaciones serviles, más propias de sociedades feudales que de sociedades capitalistas modernas. La reforma agraria hizo, pues, una muy importante contribución a la democratización de la sociedad rural. Es menester reconocer que esto fue posible gracias a lo masivo e intenso del movimiento campesino en los años previos a la reforma, que debilitaron el poder de la clase terrateniente y cuestionaron el anacronismo de las relaciones sociales prevalecientes.

Se critica mucho a la reforma agraria por los efectos negativos que tuvo para la producción agraria. Sin embargo, como se muestra en esta edición, no fue el desastre que muchos sostienen que hubo. Hay, sí, una opinión compartida entre quienes se oponen a la reforma y quienes la apoyan, que reconoce que fue una deficiencia el que el gobierno militar no hubiese hecho los esfuerzos suficientes para capacitar a los nuevos dueños y garantizar un buen manejo de las empresas cooperativas que reemplazaron a las haciendas. Es claro que los problemas que surgieron por la carencia de una buena gestión fueron causa principal de que las cooperativas acabasen, a los pocos años, parceladas y liquidadas por sus propios trabajadores-propietarios.

Con motivo del Día del Campesino 24 de junio, varios gremios agrarios en los que predominan los pequeños agricultores han emitido y publicado en los diarios sus saludos a los campesinos del país y han aprovechado para plantear sus reclamos, entre ellos más crédito, promoción de la asociatividad, más recursos para el Ministerio de Agricultura, apoyo a las cooperativas, etc. Estas demandas son, sin duda, justificadas y su satisfacción es deseable y necesaria. Pero no hay referencia al proceso de concentración de la propiedad de la tierra ni a la conformación de nuevos latifundios. La reforma agraria fue posible gracias a un intenso movimiento campesino. Sin apoyo social, no será fácil que las iniciativas parlamentarias dirigidas a ponerle fin al actual acaparamiento de tierras sean aprobadas. Los gremios deben reflexionar sobre los riesgos que para la pequeña agricultura tiene un agro en el que las corporaciones latifundistas desempeñan, cada vez más, un rol protagónico.


LA REVISTA AGRARIA Nº 141 : Identidades indígenas...

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