lunes, 19 de agosto de 2013

Camélidos: una riqueza desaprovechada (Mesa Redonda)


Reflexiones de cuatro expertos sobre los actuales problemas que atraviesa el sector, especialmente el alpaquero, y las políticas y medidas que deberían implementarse en el país.

La importancia y trascendencia histórica de los camélidos en nuestro país es muy grande. Tanto que, incluso, una vicuña está registrada como símbolo patrio del Perú en el Escudo Nacional. Sin embargo, los diferentes gobiernos nacionales han mostrado sempiterna indiferencia al sector dedicado a la crianza de camélidos, a pesar de tener el potencial de convertirse en el motor de desarrollo para miles de comunidades campesinas de las zonas altoandinas. 


En la mesa redonda de LRA tendremos las reflexiones de cuatro expertos sobre los actuales problemas que atraviesa el sector, especialmente el alpaquero, y las políticas y medidas que deberían implementarse en el país. Participan el ingeniero zootecnista Leónidas Gutiérrez Hermoza y el ingeniero Alfonso Atanasio Carvajal, ambos especialistas en camélidos de la Dirección de Promoción de Competitividad del Ministerio de Agricultura y Riego (Minagri); el ingeniero Enrique Moya Bendezú, experto en el tema durante décadas y ex presidente del Consejo Nacional de Camélidos Sudamericanos, (Conacs); y, mediante correo electrónico, Daniel Torres Zúñiga, coordinador del Proyecto Camélidos Puno, del Programa Regional Sur de la ONG Desco.

LA NECESIDAD DE INFORMACIÓN

LRA: En 2011, según fuentes del Minagri, la población de alpacas era de 4’306,989 cabezas. Por su parte, el Censo Nacional Agropecuario (Cenagro) de 2012 consigna 3’592,249 cabezas. En ambos casos se observa, en promedio, un aumento en comparación con años anteriores. ¿Cuáles son los factores que explican ese aumento? ¿Por qué la información del censo discrepa de los datos del Minagri? 

Leonidas Gutiérrez: Hay varias razones. En primer lugar, no tenemos un método censal para camélidos; por tanto, no contamos con una estadística real satisfactoria, sino solo con estimaciones. Los censos son generales, para todas las especies, cuando el asunto de los camélidos es especial. Nuestra propuesta es mejorar el método censal y plantear un censo especializado para camélidos, con una metodología que implica que los técnicos tengan ante sí los rebaños y hagan el conteo. Esto no se está haciendo porque las consultas se hacen desde afuera y entonces no se obtiene el número de razas ni el número de reproductores machos y hembras. Ese es el primer error grave que hemos detectado, pues no sabemos con exactitud cuántas alpacas existen, cuánto es la producción y cuántos criadores hay; solo tenemos aproximaciones y no contamos con un dato estadístico. Eso hay que corregirlo inmediatamente, pues es el clamor de muchas instituciones: se requiere un censo formal y especializado para alpacas, llamas, vicuñas y guanacos. Si no, estamos mal.

Daniel Torres: Las cifras estimadas por el Minagri no son confiables debido al sistema que aplican para valorar el incremento de la población animal. Los técnicos encargados en cada agencia agraria «idean» las tasas de mortalidad y, por tanto, aumentan o disminuyen la población solo tomando en cuenta la temporada de lluvias, nevadas o el frío. En otras regiones se reciben cifras «inventadas» por algunos tenientes gobernadores o presidentes de comunidades que, en forma exagerada, indican cifras de mortalidad de animales, con la finalidad de generar impacto entre las autoridades regionales y nacionales a fin de lograr una declaratoria de «emergencia» y recibir donaciones de insumos veterinarios y forraje; por tanto, las cifras son subjetivas y poco reales. Por otro lado, el aumento de población de alpacas en Puno y Cusco se debe, principalmente, a que en los últimos diez años han aparecido actores con mayor presencia y recursos. Las empresas mineras y los gobiernos locales y regionales —con alto presupuesto por el canon minero— han invertido montos significativos de su presupuesto a fin de obtener el repoblamiento de alpacas. Una evidencia de ello es que los departamentos con mayor crecimiento de alpacas son aquellos donde han intervenido las empresas mineras.

Alfonso Atanasio: Más allá de las diferencias en la información, lo que es bastante promisorio es que tanto en la estimación del Minagri como en el registro del censo agropecuario la población de alpacas ha aumentado. ¿A qué se debe? En la zona altoandina, los ovinos y las alpacas compiten por el espacio pastoril; probablemente, una de las causas de esto sea la reconversión de la crianza. Si uno analiza el censo, observa que la población de ovinos ha bajado de manera drástica, mientras que existe un ligero incremento en la población de alpacas. Es cierto, también hay inversión de los gobiernos locales y de empresas mineras, que apoyan procesos de repoblamiento de alpacas, lo cual llevaría a su aumento. Esto es promisorio para las sociedades altoandinas, sobre todo en estas épocas, donde son vulnerables al cambio climático.

Enrique Moya: En el caso de las vicuñas de Ayacucho, Huancavelica y Apurímac se daría un incremento significativo: habría 208 mil vicuñas; sin embargo, no se da un significativo aumento en la producción de fibra. Esto es incongruente, pues si la población se incrementa, tiene que existir aumento de la producción. Cuando he preguntado en diferentes sitios, me han explicado que, en cuanto a las vicuñas, el censo no ha sido realizado por gente bien capacitada y especializada. Censar vicuñas es mucho más difícil que censar alpacas, pues las vicuñas son animales silvestres. Muchas autoridades locales de los pequeños pueblos les han dado a los censistas solo un aproximado; eso hay que corregirlo. Pocos están convencidos de ese incremento en la población de vicuñas. Por ejemplo, en la sierra de Lima no hay vicuñas: ¡han desaparecido! El único lugar donde hubo aumento es Huancavelica, gracias al aporte de algunas empresas mineras que han facilitado el repoblamiento. En cuanto a las alpacas, yo estuve hace unos meses en Cerro de Pasco y quedé sorprendido de la sustitución de la crianza de ovinos por la de alpacas. La razón es muy simple: la fibra de alpaca se vende a S/.8 o S/.9, precio que es mucho más alto que el de la fibra de oveja, que está a S/.1.50 o S/.2.

LA INDIFERENCIA DEL ESTADO

¿Qué han hecho los gobiernos —central y regional— en el pasado y en el presente para fomentar el desarrollo de la alpaca? ¿Qué deberían hacer?

E. Moya: El Estado se ha interesado muy tarde en los camélidos. Se interesó por las vacas desde 1900 y por los ovinos desde 1930, con grandes proyectos, pero por las alpacas, llamas y vicuñas nadie se interesó. El interés ha llegado muy tarde. Cuando viene la reforma agraria, Velasco se encuentra con un modelo monopólico en la comercialización de la fibra y decide crear la entidad Alpaca Perú, que tuvo poco éxito porque no logró entrar orgánicamente en el mercado, mientras que las otras empresas sí estaban articuladas al mercado. Recién en 1985 se incorpora, dentro del Ministerio de Agricultura, un programa de investigación de camélidos; es decir, bien tarde. O sea, el Estado nunca le prestó atención a la crianza de camélidos porque era una actividad que se realizaba en la sierra o porque era desempeñada por «indios». El Estado ha hecho poco, y quizá lo único que hizo con éxito fue el Proyecto Vicuña, reconocido por muchos como un buen proyecto: en 1963 no había más de 5 mil a 10 mil vicuñas y, de enfrentar su posible desaparición, de pronto se recuperó la población hasta llegar a las 140 mil vicuñas. El Proyecto Vicuña fue el más exitoso de recuperación de animales silvestres, pero una vez que terminó, el Estado no hizo más. Ahora tenemos vicuñas mal manejadas y con serios problemas, pues no se da la participación del Estado.

L. Gutiérrez: Definitivamente, el Estado ha intervenido poco. Sin embargo, creó el Consejo Nacional de Camélidos Sudamericanos (Conacs), que ha tenido un rol protagónico en el sector y ha encarnado la mejor intervención del Estado a través de una entidad especializada, rectora en el tema y que se convirtió en un referente internacional. El Conacs trabajó la normativa sobre el tema de los camélidos con leyes que hasta ahora perduran. Cumplió un rol protagónico en 16 regiones, con oficinas instaladas, las que desarrollaron normas técnicas para mejorar y normalizar el producto; pero, más relevante aun, logró reconocer a este sector tan importante. Hablar de alpacas es hablar de nuestra identidad. Estamos hablando de un ecosistema integral: familia campesina, pastos, agua y animales, en un espacio diferente de otras realidades. Lamentablemente, el Conacs fue desintegrado en 2007 por el gobierno de entonces, por razones que solo él conoce. La entidad fue debilitada y se dijo que hubo problemas debido al mal uso de los fondos, pero eso se solucionaba con un cambio de personas y no liquidando la institución.

D. Torres: El subsector alpaquero ha estado abandonado por mucho tiempo. Se han probado algunos intentos de intervención del Estado, como Alpaca Perú, para la comercialización de la fibra, pero sin resultados para el productor. La única oportunidad en que el Estado ha tenido una presencia notoria ha sido con el accionar del Conacs —durante doce años—; sin embargo, todo lo avanzado se terminó con la nefasta transferencia de funciones a los gobiernos locales. Actualmente se carece de un ente rector que defina las políticas públicas y que articule al Estado con el subsector. 

E. Moya: Yo fui presidente del Conacs, y quiero señalar dos cosas: primero, el Estado ha intervenido en el sector alpaquero de manera desordenada. Por ejemplo, el Ministerio de Agricultura tenía un proyecto especial de compra de fibra de alpaca y competía con el Conacs; es decir, el gobierno tenía un Conacs, pero la compra de fibra de alpaca la hacía otra institución; no había una estrategia nacional. Segundo, el Conacs era un consejo donde estaba la industria, pero esta última no supo concertar adecuadamente; es más, en algún momento buscó otro espacio y quiso competir con el Ministerio de Industria y Comercio. Los industriales se sentían incómodos en el Conacs y el Estado no facilitó una concertación clara con la industria. Tercero, luego de la desaparición del Conacs, el Estado hizo un proceso de transferencia burocrático a los gobiernos regionales y perdió su rol rector de las políticas nacionales: cada gobierno regional se convirtió en unos brazos, pero sin cabeza. El Estado debe fijar una posición de políticas públicas, orgánica, coherente, interinstitucional. Hay varias razones que justifican un tratamiento preferente para el sector. 

A. Atanasio: En 1993, por efecto de la crisis social en el país, la alpaca tuvo una desvalorización. En el sur, la gente decía que le pagaban por las alpacas el mismo precio que por una gallina: entre S/.50 y S/.70 cada una, y las mandaban al camal. Mientras tanto, en la zona centro había espacios pastoriles para hacer un traslado. En 1993 se efectúa un traslado de las alpacas del sur hacia la zona centro, y fue así que empezó el auge de los camélidos en Cerro de Pasco y en el centro del país, en especial de las alpacas. El Estado debió seguir apoyando a las instituciones que trabajan en la innovación tecnológica en camélidos. Lo que no deberíamos haber hecho es perder la institucionalidad de este sector de camélidos, lo cual ha tenido efectos en el sector privado: por ejemplo, las asociaciones de productores de alpacas, en lugar de fortalecerse se han debilitado.

POTENCIAR EL DESARROLLO ALPAQUERO

¿Cuál sería un escenario favorable para la expansión de la alpaca? ¿Cuán importante puede ser la crianza de alpacas para el desarrollo socioeconómico de los campesinos?

E. Moya: El proceso de la crianza de alpacas no es diferente del proceso productivo de cualquier animal: se necesita una base alimenticia, es decir pastos, que es la que se transforma en un bien. Entonces, primero hay que mirar cómo está la oferta forrajera para las alpacas a 4,000 metros de altura. Segundo, se debe tener en cuenta que la alpaca no es un animal fino, no tiene selección ni mejoramiento genético. Tercero, el producto va a un mercado que es monopólico y paga mal, y no hay ninguna razón para que la carne de alpaca —con igual nivel de proteínas que las otras carnes rojas y con la ventaja de que tiene poca grasa— tenga un precio tan desvalorizado. Esas son las cosas que el Estado tiene que resolver, porque la alpaca ¡es el animal más eficiente! Según varios estudios que se han realizado en el Cusco, los camélidos son los animales menos vulnerables al actual sistema de cambio climático. Si tenemos un animal así, ¿por qué no lo aprovechamos? Además, en épocas donde debemos guardar el agua y donde nadie lo hace, nadie mejor que el alpaquero de la montaña para guardar el agua. Entonces, aparece un factor: la crianza de camélidos está asociada al mantenimiento de la montaña, que significa mantener el pie de monte costeño y el pie de monte selvático. Hay una gran responsabilidad del Estado de conservar los espacios altoandinos para la conservación de la vida.

D. Torres: ¿Qué se debería hacer? 1) Definir programas de desarrollo teniendo en cuenta el contexto y características de cada región, mediante la intervención con programas con lineamientos nacionales. 2) Existe un retroceso de veinte años en el mejoramiento genético de las alpacas debido al proceso de minifundio de la tenencia de tierras; esto evita el despegue del desarrollo alpaquero a nivel de pequeños criadores. 3) Se debe implementar un programa de mejoramiento genético con lineamientos nacionales. Pero en cada región se deben definir los objetivos y metodologías teniendo en cuenta sus características de calidad de alpaca y medio ambiente, como por ejemplo, la puna húmeda y la puna seca. No se puede aplicar un programa de mejoramiento genético a nivel nacional como si fuera todo igual. 

A. Atanasio: El Estado o el mismo sector agrario no lo pueden resolver todo. Debemos incidir en una transversalidad en las instituciones públicas para resolver algunos cuellos de botella que encontramos en el desarrollo de esta actividad. Siempre hemos hablado de trabajar con un enfoque territorial, y hay que empezar a hacerlo. Hay que buscar la transversalidad de competencias y funciones en las instituciones públicas: el Ministerio de la Producción se comprometerá con las pequeñas empresas que transforman la fibra de alpaca; el Ministerio de Comercio Exterior será el que resuelva los temas de mercado; etcétera. Hay que marcar un rumbo para que el sector agrario se comprometa con más contundencia. No solo hay que ver el asunto de la exportación de la preciada fibra de alpaca hacia el mercado europeo y asiático; también hay que trabajar el mercado nacional. ¡El poder adquisitivo del consumidor nacional también ha mejorado! El mercado interno no ha sido muy trabajado. Siempre hemos pensado que la alpaca es para Europa o Asia, pero no es así: hay un buen segmento consumidor en el mercado nacional. 

L. Gutiérrez: Primero que nada, a la alpaca hay que tomarla como un medio de desarrollo de la familia alpaquera, que es el objetivo final. En ese sentido, un objetivo es desarrollar la seguridad alimentaria. La fibra, por más que no sea un alimento directo, sirve para comprar alimentos para la familia. Y, por supuesto, allí también es importante la carne de la alpaca y también la carne de llama, que es una de las especies olvidadas. Entonces, debemos buscar el desarrollo integral del ecosistema andino donde está comprendida la familia. Respecto al asunto del mercado nacional, en la actualidad los gobiernos regionales y locales están desarrollando el repoblamiento de alpacas, pero no deben quedarse ahí. Como Minagri, hemos planteado desarrollar servicios rurales para los alpaqueros; es decir, desarrollar sus habilidades en buenas prácticas de esquila, mejorar las capacidades de las maestras clasificadoras de la fibra, etc. Estos servicios les van a dar una oportunidad de tener mayores ingresos.

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