lunes, 9 de septiembre de 2013

Editorial: Pograma Mi Riego: necesario pero insuficiente


Uno de los temas más destacados por el presidente Ollanta Humala en el mensaje del 28 de julio fue el de las inversiones. Hizo un recuento de las inversiones realizadas y de las que se harán en el corto plazo.

En el sector agrario, uno de los más importantes esfuerzos de inversión es el que será ejecutado por el programa Mi Riego: mil millones de soles en obras de irrigación en la sierra peruana. Aun cuando han surgido críticas al carácter improvisado del programa —hay dinero, pero no hay proyectos suficientes para gastarlo—, de todos modos, un fondo público de tal magnitud, destinados a la marginada sierra rural, no deja de ser algo
notable.


Esperemos que el Ministerio de Agricultura y Riego (Minagri) vaya aprendiendo cómo manejar con eficiencia esos fondos y cómo involucrar a los gobiernos subregionales y a las organizaciones de agricultores en el diseño y ejecución de los proyectos. Pero surgen algunas preguntas: ¿las importantes inversiones públicas obedecen a algún plan maestro de mediano y largo plazo, intersectorial, con objetivos futuros claros, basados, por ejemplo, en alguna imagen-objetivo que el Perú quisiera alcanzar en una o dos décadas? ¿El Ceplan1 cumple alguna función orientadora en ese sentido?

Estas preguntas vienen al caso, precisamente, por la inversión sin precedentes del programa Mi Riego, a la que siguieron, poco después, la creación del viceministerio de Infraestructura y Riego y el cambio del nombre del Ministerio de Agricultura —al que se le agregó las palabras «y Riego»—. Estas decisiones expresarían un cierto viraje de la orientación del Minagri, en la que se privilegia como estrategia de crecimiento agrario la construcción de infraestructura, y donde la orientación de riego ocuparía un papel principal. No cabe duda de la necesidad de ampliar las áreas de cultivo bajo riego, tanto porque mejora los rendimientos de los cultivos como porque defiende al agricultor de los avatares del clima, cada vez menos predecibles por el impacto del cambio climático. El problema reside en que no hay un esfuerzo similar para mejorar las capacidades técnicas de los productores, para consolidar sus derechos de propiedad y para facilitarles el acceso al crédito y a mejores canales de comercialización. Los resultados del IV Censo Nacional Agropecuario (Cenagro) van mostrando que en todos estos aspectos hay inmensas deficiencias y que lo avanzado desde 1994 —año del anterior censo— deja mucho que desear.

El impacto que se logre con el programa Mi Riego, sobre la producción y la mejora de la calidad de vida de los campesinos, puede verse muy disminuido si el Estado no hace esfuerzos a gran escala para promover programas masivos de extensión técnica, acceso al crédito, mejoras en los canales de información y comercialización, etc.

Hay un riesgo adicional con inversiones como la de Mi Riego, si no son complementadas con otras medidas ya mencionadas. El riesgo es que la ampliación de las áreas de riego en la sierra sea finalmente más aprovechada por los grandes inversionistas de la costa o de otros países, para introducir, sobre todo, cultivos de exportación. Los primeros beneficiados, entonces, no serían los agricultores serranos —cuya única función sería la de proveedores—, sino las grandes empresas acopiadoras, procesadoras y exportadoras. Desde esa perspectiva, el programa Sierra Exportadora estaría cumpliendo el papel de una experiencia piloto. Podríamos estar viviendo el inicio de un proceso de control sobre las tierras agrícolas de la sierra por parte de los grandes inversionistas, sin necesidad de que estos requieran poseer ni una sola hectárea.

Nota

1 Centro Nacional de Planeamiento Estratégico.

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